Una hora y media después, con siete llamadas perdidas de trabajo, una columna pendiente y empezando a hacer pan, me pregunto por qué habré accedido a esto. No es la primera vez que me entrego a la falsa promesa del consumismo.
Una hora y media después, con siete llamadas perdidas de trabajo, una columna pendiente y empezando a hacer pan, me pregunto por qué habré accedido a esto. No es la primera vez que me entrego a la falsa promesa del consumismo.

