Una madre expresa el amor incondicional que siente por su hijo y denuncia la falta de apoyo en educación, salud y sociedad
The post A mi hijo, en el Día Mundial del Autismo first appeared on Hércules. Hijo mío,
Hoy, como cada 2 de abril, el mundo se viste de azul para recordarnos a todos que el autismo existe. Pero yo no necesito un día en el calendario para recordarlo, porque lo vivo cada segundo de mi vida desde el día en que naciste. Desde aquel instante, mi amor por ti ha sido infinito, pero también ha estado acompañado por una lucha constante contra un mundo que muchas veces no está hecho para ti.
Eres una persona maravillosa, con una mente única y un corazón puro. Hablas, lees, ríes, aprendes con todos los dispositivos tecnológicos, me acaricias el pelo y me abrazas, pero hay cosas que el mundo dice en susurros y entre líneas que tú no puedes comprender. Y no es porque no quieras, sino porque el mundo aún no ha aprendido a hablar tu idioma. Y, en cambio, te exige que entiendas el suyo.
Cada día enfrentamos barreras que no deberían existir. Encontrar un colegio que te acepte como eres y que te brinde los apoyos que necesitas ha sido un desafío que jamás imaginé. Demasiadas veces me han dicho que “aquí no podemos”, “los recursos son limitados”, “tendrá que adaptarse”. Pero, hijo, tú no tienes que adaptarte a un sistema que no te entiende; el sistema debería adaptarse a ti. Y no lo hace.
Las terapias que necesitas, esas que te ayudan a desenvolverte en un mundo que no siempre te comprende, apenas existen en la sanidad y en la educación pública. Los profesionales, aunque llenos de buena voluntad, muchas veces no tienen formación suficiente para atenderte. Cuando vamos al médico, no hay protocolos para evitarte angustias innecesarias. No hay pictogramas en hospitales, en farmacias, en transporte público, en lugares donde la comunicación es vital. Y en cada consulta médica siento que debo explicarte yo, porque ellos no saben cómo hablarte.
Las ciudades tampoco están pensadas para ti. No hay suficientes espacios donde puedas jugar sin ser juzgado. No hay programas deportivos adaptados en los ayuntamientos, no hay suficientes actividades donde puedas ser incluido sin que alguien te mire como “el diferente”. No hay suficiente comprensión de que el ocio, el deporte y la diversión también son un derecho para ti, como para cualquier otra persona. Y, mientras el mundo sigue con su rutina, nosotros, las familias, vivimos muchas veces en soledad.
Nos enfrentamos a un sistema que nos deja al margen, que nos dice “espere”, “no hay presupuesto”, “no podemos hacer más”. Y en ese abandono, en esa lucha constante, a veces me canso, hijo. Pero luego te miro, veo tu sonrisa, y sé que no puedo rendirme. Porque tú mereces más. Porque tú mereces un mundo que te entienda, que te incluya, que no te obligue a luchar tanto por cosas que deberían ser tuyas por derecho.
Por ti, por todos los niños y adultos con autismo, alzo la voz. Para que haya pictogramas en cada lugar público, para que las escuelas tengan recursos, para que los médicos sepan cómo tratarte sin que sientas miedo, para que las familias no nos sintamos tan solas en este camino. Porque el autismo no es el problema. El problema es la indiferencia y la incomprensión.
Te amo con toda mi alma,
Mamá.
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