Virgilio, poeta romano, “A la adversidad se la vence con calma.”
¿Cómo reaccionas cuando algo sale mal? La primera respuesta suele ser precipitada. La ansiedad, la prisa por arreglar las cosas y los impulsos suelen empeorar la situación. Hay una frase atribuida a Virgilio, el poeta romano del siglo I a.C., que plantea lo contrario: la adversidad se supera con calma, no con agitación. No debes
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No debes entender esta frase como una invitación a actuar con pasividad, sino reconocer que mantener la serenidad te permite responder mejor cuando las circunstancias se complican.
Calma para ganar perspectiva
Cuando aparece un problema, la reacción inmediata suele estar teñida de emoción. El pánico reduce tu campo de visión y te lleva a tomar decisiones basadas en el impulso, no en la situación real. La calma te da espacio para analizar qué está ocurriendo antes de accionar.
No significa que debas paralizarte o retrasar lo urgente. Se trata de evitar movimientos bruscos que agraven el daño. Un error común ante la adversidad es actuar movido por la necesidad de sentir que haces algo. La calma te permite distinguir entre lo inmediato y lo que puede esperar mientras evalúas mejor las opciones.
Responder en lugar de reaccionar
Reaccionar es automático, mientras que responder requiere consciencia. La diferencia está en el control que ejerces sobre tus actos. Cuando reaccionas, la adversidad dirige tus movimientos. Cuando respondes, tú decides cómo enfrentarla.
La calma te permite elegir prioridades. Si pierdes el empleo, puedes dejarte llevar por la ansiedad y enviar currículos sin estrategia. En cambio, puedes optar por tomarte un momento para identificar qué sectores tienen más salidas, actualizar tu perfil y trazar un plan de búsqueda. Ambas opciones implican acción, pero una está guiada por el criterio y la otra por la urgencia emocional.
No confundir calma con inmovilidad
La frase de Virgilio no defiende la pasividad ni sugiere que debas aceptar las circunstancias sin más. La calma es compatible con la determinación. Puedes actuar con energía sin perder la compostura, y de hecho, esa combinación suele ser más efectiva que la agitación frenética.
Mantener la calma no te garantiza que la adversidad se resuelva a tu favor, pero sí aumenta las probabilidades de que tomes el mejor camino disponible. Reduces el riesgo de errores impulsivos y mejoras tu capacidad para adaptarte según evolucione la situación.
Las situaciones difíciles suelen exigir claridad mental. Resolver un conflicto laboral, gestionar una crisis familiar o enfrentar un contratiempo financiero requiere pensar con nitidez.
Vencer la adversidad significa reconocer que el autocontrol es tu principal herramienta cuando todo lo demás parece un caos. No se trata de negar la dificultad ni de fingir que no te afecta, sino de responder desde la lucidez en lugar del miedo. Muchas batallas no se ganan con esfuerzo desmedido, sino con decisiones tomadas en el momento justo y con la mente despejada.
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