Qué es la obsesión por la limpieza y cuándo deja de ser un hábito saludable

Limpiar el hogar suele ser una terapia para muchas personas y les ayuda a reducir el estrés o a despejar su mente. Pero, cuando la limpieza se convierte en una obsesión, ya deja de ser placentera y pasa a transformarse en un problema. Esto no tiene que ver con ser una persona ordenada o pulcra.
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Esto no tiene que ver con ser una persona ordenada o pulcra. En realidad, la obsesión por la limpieza es la necesidad de mantener todo impecable por miedo a los gérmenes o contaminantes. Por lo que forma parte de los trastornos obsesivo-compulsivos (TOC), y se presenta con pensamientos que se repiten una y otra vez, junto con rutinas de higiene muy estrictas para intentar calmar la ansiedad que provocan.

Dentro de las señales se encuentra el sentimiento de que se debe limpiar aunque no haya suciedad visible o cuando esta actividad empieza a ocupar demasiado espacio en la rutina. La buena noticia es que hay formas de que la limpieza deje de ser una carga o una fuente de angustia.

Cuándo la limpieza se vuelve una obsesión

La limpieza excesiva, como tener el hogar impecable o lavarse las manos con frecuencia, puede pasar desapercibida al principio, porque suele estar bien vista. Pero, cuando esas conductas se vuelven repetitivas y generan malestar, puede tratarse más de una conducta compulsiva que de un hábito saludable.

A continuación, te compartimos algunas señales que pueden ayudar a identificar si la relación con la limpieza está desbalanceada:

1. Aparecen pensamientos intrusivos

Es posible que exista una obsesión por la limpieza si la preocupación vuelve incontrolable y recurrente. Los pensamientos sobre que todo esté limpio y sin gérmenes dominan e interrumpen otras ideas. Por ejemplo, se puede pensar que un objeto está contaminado aunque se vea limpio.

Esos pensamientos intrusivos generan ansiedad y llevan a la persona a tener comportamientos compulsivos o repetitivos, como limpiar muchas veces lo mismo o sentir una necesidad urgente de lavarse las manos luego de tocar superficies. En ocasiones, puede desechar objetos por creer que están contaminados, cambiarse de ropa con frecuencia o tener espacios limpios dentro del hogar que estén fuera del alcance de los demás.

Aunque la mayoría de las personas se dan cuenta de que esas ideas no tienen un sentido lógico, no pueden dejar de llevarlas a cabo para prevenir o mejorar su ansiedad.

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2. Existe un ritual estricto al limpiar

En ocasiones no se trata solo de limpiar, sino de cómo se hace. Las personas que tienen un TOC por la limpieza suelen utilizar reglas a la hora de asear. Por ejemplo, pueden higienizar la casa en un determinado orden, hacerlo cada cierto tiempo o usar determinados productos.

Así mismo, pueden seguir distintos rituales para bañarse, como lavar diferentes partes de su cuerpo de una forma particular. Esto se replica en diversos aspectos que involucran el aseo, ya sea lavarse los dientes, lavar la ropa o los artículos del hogar.

3. La higiene se vuelve excesiva

Lavarse las manos, ducharse o limpiar los objetos que usamos es parte de una rutina saludable. El problema aparece cuando limpiar demasiado el hogar o el cuerpo termina generando molestias físicas, como piel irritada, manos resecas, fatiga o lesiones por el uso excesivo de productos de limpieza.

También, la persona obsesiva puede bañarse o asear la casa de forma excesiva, durante horas. Incluso es posible que le consulten a alguien más que cuente la cantidad de veces que se han lavado las manos o que han limpiado un espacio, y les asegure que ahora está limpio.

4. Se evitan situaciones y se modifica la rutina por temor a la suciedad

Un comportamiento relacionado con este tipo de conducta compulsiva es evitar lugares o situaciones que puedan desencadenar pensamientos compulsivos y ansiedad. Por ejemplo, evitar usar baños públicos.

Por el mismo motivo, podría evitar tomar transportes públicos o estrechar las manos de otras personas. También es común que eviten tocar picaportes, perillas, papel de diario, pelo animal, polvo o sudor.

Así mismo, la persona con obsesión por la higiene podría dejar de asistir a reuniones, ir a fiestas, faltar al trabajo o suspender compromisos por temor a la contaminación o para quedarse en su casa limpiando. En casos más extremos, puede preferir confinarse en el hogar.

Este tipo de evitación, aunque parece protegerla, en realidad puede aislarla y limitar su vida social, laboral o familiar.

5. Aparecen síntomas físicos

En ciertas ocasiones, el malestar puede ser tan intenso que desencadena ataques de pánico repentinos, con dificultad para respirar, mareos, temblores y taquicardia.

Estos síntomas pueden aparecer antes de limpiar (por la anticipación), durante la tarea (por sentir que no alcanza) o después (por miedo a que algo haya quedado mal). Aunque al momento de la limpieza puede sentir un alivio, muchas veces es temporal y da paso a nuevas preocupaciones.

6. Los hábitos influyen en el entorno

En algunos casos, la obsesión por la limpieza puede afectar a otras personas del hogar. Por ejemplo, es posible que la persona con la conducta compulsiva insista para que otras personas adopten sus hábitos de limpieza excesivos, que haya discusiones acerca del orden o dificultades para que respeten sus rituales.

En consecuencia, ellos pueden empezar a sentirse muy controlados, al tener que dejar sus cosas en determinado lugar o realizar tareas que no harían normalmente.

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Cuáles son sus causas

En general, la obsesión por la limpieza se desarrolla de forma gradual a partir de la adolescencia o a principio de la adultez. Es posible que esté ocasionada por el miedo a la contaminación o las enfermedades, en algunos casos y sobre todo en la infancia, debido a haber tenido una infección.

También puede estar relacionada con ciertos hábitos o modelos aprendidos, como la necesidad de ser pulcro y ordenado. Otras veces, puede que exista algún factor hormonal o genético que la origine, ya que también puede ser hereditaria. De cualquier manera, eso no significa que no se pueda trabajar y modificar con el acompañamiento adecuado.

Qué se puede hacer para recuperar el equilibrio

Cuando las obsesiones o compulsiones ocupan una hora de cada día o interfieren con la rutina, el desempeño laboral o las relaciones, es importante prestarles atención y buscar ayuda de un profesional de la salud mental.

Liberarse de una obsesión no siempre es sencillo, pero los siguientes consejos pueden ayudar en el proceso:

  • Involucrar a las demás personas del hogar para que aseen, evitando imponer ciertos estándares o reglas.
  • Establecer rutinas de limpieza, decidiendo qué días limpiar cada zona de la casa y cuánto tiempo dedicarle, para evitar excesos.
  • Buscar el apoyo de familiares y amigos, para sentirse acompañado y aliviar la carga emocional que genera la necesidad constante de limpieza.
  • Consultar con un médico o un psicólogo que pueda ayudar a entender qué hay detrás de esa conducta y a desarrollar herramientas para gestionarla.
  • Intentar técnicas de relajación cuando aparezca la urgencia de limpiar. Por ejemplo, practicando respiraciones controladas, yoga o meditación para calmar la mente y reducir la ansiedad.
  • Mantener hábitos saludables, como tener un horario de sueño regular, hacer ejercicio y llevar una dieta sana y equilibrada, ya que pueden servir como estrategias para manejar el estrés y la ansiedad.
  • Aceptar que no todo se puede limpiar y que el hogar no necesita estar impecable todo el tiempo para sentirse bien. Aprender a tolerar un poco de desorden es también una forma de autocuidado.

Limpiar, pero sin perder la calma

Vivir en un entorno limpio puede ser una fuente de bienestar, siempre y cuando no se convierta en una carga. Si limpiar ayuda a sentirse bien, genial. Pero cuando no se puede dejar de hacer o afecta la rutina y las relaciones personales, entonces es momento de hacer una pausa y evaluar la situación.

No se trata de dejar de limpiar, sino que la clave está en encontrar un punto medio: cuidar el hogar sin descuidarse a uno mismo. Permitirse un poco de desorden, aceptar que no todo puede estar bajo control y pedir ayuda cuando es necesario también forma parte de vivir en equilibrio.

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Los efectos de comer rápido y por qué es mejor evitarlo

Comer rápido y masticar mal los alimentos no siempre causa efectos inmediatos. Sin embargo, suele asociarse a digestiones lentas, sensación de pesadez, riesgo de sobrepeso y mayor tendencia a desarrollar enfermedades metabólicas, como obesidad, diabetes e hipertensión. La masticación, aunque puede parecer un proceso automático, requiere concentración, tiempo y consciencia. Si bien tal vez lo
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La masticación, aunque puede parecer un proceso automático, requiere concentración, tiempo y consciencia. Si bien tal vez lo ignoras, esta representa un paso esencial para una digestión eficiente. Y es que al triturar bien la comida no solo estás facilitando el trabajo del estómago, sino que activas enzimas presentes en la saliva que inician la descomposición de los nutrientes desde la boca.

¿Te ha pasado que terminas de comer y al rato sientes hambre otra vez o te sientes hinchado? No es casualidad. Si no estás prestando atención a este hábito alimentario, lo más probable es que tenga relación con esos síntomas inusuales. Por eso, en esta oportunidad te contamos por qué las ingestas apuradas son perjudiciales y qué hacer para corregirlas.

1. Dificultades digestivas

Los efectos más comunes de comer rápido se perciben a nivel digestivo. Cuando no masticas bien los alimentos, estos llegan al estómago en trozos grandes, lo que complica su descomposición. Como el sistema digestivo debe esforzarse más de lo habitual, el vaciado gástrico se ralentiza, aumenta la fermentación de los alimentos, puede producirse un exceso de ácido y se ve afectada la correcta absorción de nutrientes.

Además, en este proceso limitas la producción de saliva y, por tanto, reduces la humedad necesaria para que el bolo alimenticio se forme bien. Como la comida llega más seca y compacta al estómago, esa incómoda sensación de llenura no tarda en aparecer, muchas veces acompañada de malestares como los siguientes:

  • Inflamación abdominal
  • Acidez o reflujo
  • Gases
  • Náuseas
  • Estreñimiento o diarrea
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2. Distensión abdominal

Aunque este síntoma está asociado con el punto anterior, merece una mención especial por la manera en que se agudiza al comer con prisa. Sucede que, cuando comes con afán, favoreces la entrada excesiva de aire al sistema digestivo (aerofagia). Tras acumularse en los intestinos y el estómago, este provoca hinchazón, sensación de presión y una necesidad constante de eructar o liberar gases.

Con el tiempo, si no mejoras esta conducta, la hinchazón puede influir en alteraciones del apetito, mala postura y malestar social, en especial si llega a interferir con las actividades diarias. El riesgo es mayor en pacientes con enfermedades digestivas subyacentes, como el síndrome del intestino irritable.

3. Aumento del riesgo de sobrepeso

Es probable que hayas escuchado que «comer rápido engorda». Esta idea se ha difundido con el argumento de que las ingestas apresuradas impactan de forma negativa en los mecanismos que regulan el apetito.

Y sí, existe evidencia científica que sugiere que, al no dar tiempo suficiente para que se active la respuesta hormonal de la saciedad —que implica la liberación de leptina y péptido YY—, es más probable que llegues a ingerir más calorías de las que tu cuerpo necesita, un factor de riesgo de sobrepeso.

No obstante, debes considerar que no se trata de una causa directa y tampoco se manifiesta igual en todas las personas. El aumento de peso obedece a múltiples factores, como la genética, el entorno social, los niveles de actividad física, el tipo de alimentación, el estado emocional y hasta la calidad del sueño.

En este sentido, más que causar sobrepeso por sí solo, tragar sin pausa favorece un patrón de alimentación que, si no se ajusta, a largo plazo contribuye a la ganancia de peso, especialmente cuando va acompañado de elecciones poco saludables, porciones excesivas o una baja percepción de saciedad.

4. Mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares

Algunas investigaciones preliminares sugieren que ingerir los alimentos con prisa puede influir en la aparición de desequilibrios metabólicos que afectan la salud del corazón y de los vasos sanguíneos. Esto se debe a que es una conducta vinculada de manera indirecta con la ingesta excesiva de calorías, el aumento de peso y alteraciones en los niveles de colesterol y triglicéridos.

Se cree que, con el tiempo, puede contribuir a la aparición de hipertensión, obesidad abdominal y dislipidemias. Esto, a su vez, eleva el riesgo de infarto de miocardio, enfermedad coronaria y accidente cerebrovascular, sobre todo en pacientes con antecedentes familiares de estos trastornos, sedentarios o cuyas dietas son pobres en nutrientes.

5. Riesgo potencial de diabetes

Comer de forma acelerada se vincula con un riesgo potencial de desarrollar diabetes tipo 2. Esto significa que, aunque no es una causa directa, sí contribuye a un entorno metabólico desfavorable que facilita su aparición. Por ejemplo, puede provocar picos repetidos de glucosa en sangre y una mayor demanda de insulina, ya que el cuerpo debe trabajar más para procesar grandes cantidades de comida en poco tiempo.

Si sucede de forma constante, esta sobrecarga va deteriorando la sensibilidad de las células a la insulina, influyendo en la aparición de resistencia a esta hormona. Esto empeora si este patrón se combina con factores como el sobrepeso, la inactividad física y una dieta poco saludable.

6. Efectos psicológicos

Realizar ingestas demasiado rápidas también puede tener efectos psicológicos negativos. Esto debido a que impide establecer una relación consciente con los alimentos y las señales internas de hambre y saciedad. Al incidir en un estilo de alimentación automático, puede derivar conductas impulsivas o ansiosas, acompañadas de insatisfacción después de comer, culpa o frustración.

Si no se le presta suficiente atención, puede contribuir a una relación conflictiva con la comida. De hecho, es un hábito asociado a un riesgo elevado de atracones y trastornos alimentarios, en especial en contextos de estrés o desequilibrios emocionales.

¿Qué puedes hacer para comer más despacio?

¿Te has dado cuenta de que muchas veces comes apurado, casi sin darte cuenta? ¡Tranquilo! No estás solo. Reconocer esta conducta ya es un primer gran paso hacia un cambio positivo. A partir de ahora, cada vez que te sientes a comer, intenta aplicar algunos de los siguientes consejos:

  • Dedica tiempo suficiente a tus comidas: la idea es que dispongas de entre 20 y 30 minutos para hacerlo con calma, preferiblemente en un lugar tranquilo y alejado de distractores como las pantallas.
  • Cuenta las veces que masticas: como ejercicio, pero sin obsesionarte. Intenta masticar 30 veces cada bocado, según la textura del alimento.
  • Haz pausas ligeras mientras comes: deja los cubiertos sobre la mesa mientras masticas. Esto te ayuda a bajar el ritmo.
  • Come con consciencia e intención: la alimentación consciente puede contribuir de forma significativa a corregir este patrón. Empieza por respirar profundo antes de empezar a comer, toma un momento para agradecer, observa tu plato y, en el proceso, intenta prestar más atención a los sabores y texturas.
  • Atiende a tus señales de hambre y saciedad: intenta planificar horarios regulares de comida para evitar pasar hambre por muchas horas, ya que esto te puede llevar a comer con desesperación. Además, procura detenerte cuando te sientas satisfecho y no demasiado lleno.
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Comer lento es una forma de cuidarte

En un mundo en el que el afán y la inmediatez hacen parte del estilo de vida, dedicar unos minutos para comer con calma puede, muchas veces, resultar desafiante. Sin embargo, es importante reconocer que estos pequeños gestos son formas de autocuidado con un impacto significativo en tu salud.

Masticar bien y permitirte disfrutar de cada bocado no solo beneficia tu digestión y metabolismo, sino que te ayuda a reconectar con tus necesidades, a disfrutar más del momento presente y a tomar decisiones más conscientes respecto a tu alimentación. Solo necesitas frenar un poco, darte permiso para saborear y recordar que comer bien va más allá de elegir buenos alimentos.

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La verdad sobre la sacarina: ¿es tan perjudicial como dicen?

No. La sacarina no es perjudicial para la salud y se considera una alternativa para quienes buscan controlar su peso, manejar la diabetes o prevenir las caries sin renunciar al sabor dulce. Si bien durante décadas ha sido motivo de controversia y discusión, la evidencia científica actual respalda su seguridad para el consumo humano. Este edulcorante
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Este edulcorante artificial se caracteriza por ser entre 200 y 700 veces más dulce que el azúcar, sin calorías y con usos que van desde la fabricación de alimentos y bebidas light hasta productos para diabéticos, fármacos y fórmulas para el cuidado dental. Entonces, ¿por qué muchos temen consumirlo? La razón es que persisten algunas creencias basadas en estudios antiguos y desinformación.

En la actualidad, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA), la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) desmienten su supuesta relación con el cáncer y otras enfermedades crónicas. Por el contrario, validan su uso, aunque bajo estrictas regulaciones.

¿Qué es exactamente la sacarina?

La sacarina es un edulcorante artificial que se utiliza como sustituto del azúcar. Fue descubierta en 1879 por un químico de la Universidad Johns Hopkins, mientras investigaba derivados del alquitrán de hulla. En la actualidad, su producción industrial se hace a partir de compuestos del petróleo como el tolueno, mediante procesos de síntesis orgánica con sustancias seguras.

A diferencia del azúcar, este endulzante no se descompone ni se absorbe en el cuerpo humano. En otras palabras, pasa por el sistema digestivo y se elimina por la orina sin alterarse. Esto se debe a que el organismo no tiene las enzimas necesarias para su metabolización. Sin embargo, eso evita que aporte calorías o que afecte los niveles de azúcar en sangre.

Su sabor es bastante dulce, por lo que se requieren cantidades mínimas para endulzar los alimentos. Pese a esto, tiene un ligero regusto metálico o amargo, que los fabricantes intentan neutralizar combinándolo con ingredientes como el aspartamo, la glicina, la pectina o el crémor tártaro.

¿A qué se debe su mala fama?

La mala reputación de la sacarina surge de ideas alarmistas que se difundieron hace décadas y que permanecen en la cultura popular. Todo comenzó en los años 70, cuando se publicó una investigación hecha en ratas de laboratorio que determinó una posible relación entre el consumo de este edulcorante artificial y un mayor riesgo de cáncer de vejiga.

A raíz de esto, se empezó a exigir a los fabricantes que incluyeran una advertencia en todos los productos que contenían la sustancia. Luego, a falta de evidencia en humanos, entidades como la FDA prohibieron su uso. No obstante, las investigaciones no se detuvieron y, más tarde, se determinó que dichos efectos no eran aplicables para los humanos.

Para el año 2000, el Programa Nacional de Toxicología de los Institutos Nacionales de Salud (EE. UU.) la eliminó de su lista de sustancias potencialmente cancerígenas y retiró la advertencia obligatoria de los envases. Pero, ¿por qué persiste la idea de que es perjudicial? El estigma quedó sembrado y algunos se mantienen escépticos.

La idea de que es «tóxica» y causa de cáncer, sumado al prejuicio de que «lo natural es siempre mejor», ha persistido en decenas de titulares a lo largo del tiempo. Algunos creen que también altera el metabolismo, daña los riñones o causa alergias, pero nada de esto se ha corroborado con pruebas sólidas en ensayos clínicos recientes.

Algunos investigadores no descartan del todo un riesgo potencial, pero apuntan a que el peligro aparece en cantidades extremadamente altas. Una persona tendría que ingerir lo equivalente a cientos de refrescos light con sacarina al día para resultar expuesta a estos peligros. 

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Desequilibrio bacteriano intestinal, un riesgo potencial

Estudios más recientes, principalmente en animales, sugieren que una ingesta elevada y sostenida de sacarina tiene el potencial de generar disbiosis intestinal, es decir, un desequilibrio de la microbiota. Esto, a su vez, se asocia a efectos metabólicos negativos, como mayor riesgo de diabetes, obesidad y enfermedades crónicas.

Pero al igual que los riesgos antes mencionados, no se ha demostrado que tenga el mismo impacto en humanos. La documentación es limitada, variable y no concluyente. Por ahora, no hay sustento de que su consumo dentro de los límites recomendados afecte la salud intestinal en personas sanas.

Ventajas de sustituir el azúcar con sacarina

Aunque la sacarina no aporta beneficios nutricionales directos, utilizarla para sustituir el azúcar tradicional (sacarosa) parece brindar algunas ventajas entre quienes buscan reducir su ingesta de calorías o controlar algunos problemas de salud. Aun así, hay ciertos matices que hay que considerar. Veamos.

1. Control del peso

La sacarina es uno de los endulzantes artificiales más utilizados para mantener el sabor dulce sin sumar calorías adicionales. Debido a esto, su uso en reemplazo de la sacarosa ha sido una estrategia ampliamente utilizada para facilitar la pérdida de peso o ayudar al mantenimiento del mismo.

Añadida en pequeñas cantidades, sirve para preparar versiones más ligeras de postres, bebidas y recetas tradicionales. De este modo, quienes están en un plan para adelgazar pueden seguir disfrutando preparaciones dulces con menor aporte energético, lo que favorece la adherencia a la dieta y el control del apetito, al menos en el corto plazo. Esto no significa que por sí sola haga perder peso, sino que puede ser un apoyo útil dentro de un plan de alimentación saludable.

Aun así, la evidencia científica es contradictoria. Hay estudios que plantean que su uso prolongado puede llegar a alterar la percepción del dulzor natural o influir en los mecanismos del apetito, lo que, eventualmente, puede conducir a un mayor consumo de alimentos.

A raíz de esto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) desaconseja su uso para el control del peso, y advierte que no son una solución efectiva por sí mismos. Además, apunta que «no son factores dietéticos esenciales y carecen de valor nutricional».

2. Apto para diabéticos

La sacarina es apta para personas con diabetes porque, en contraste con el azúcar de mesa, no eleva los niveles de glucosa en sangre, ya que el cuerpo no la metaboliza ni la absorbe. Diversas autoridades sanitarias, como la Asociación Americana de Diabetes (ADA) y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), respaldan su uso como opción segura para estos pacientes.

Eso sí, es importante considerar que por sí sola no previene ni trata esta enfermedad. Su valor radica en que puede agregar sabor dulce a una amplia variedad de platos sin los efectos perjudiciales de la sacarosa. Por supuesto, es importante asegurar un consumo moderado, como parte de una dieta saludable y balanceada.

Cierta evidencia plantea dudas sobre el impacto a largo plazo de los edulcorantes sobre la sensibilidad a la insulina. Sin embargo, no hay investigaciones concluyentes que demuestren un efecto negativo claro, siempre que su ingesta sea modesta.

3. Menor riesgo de caries dental

La razón por la que este edulcorante artificial se emplea en la fabricación de pastas dentales, enjuagues y chiles sin azúcar es porque, contrario al azúcar convencional, no puede ser fermentada por las bacterias presentes en la boca. Esto significa que no aumenta la producción de ácidos que erosionan el esmalte dental y que da lugar a la aparición de caries.

Este efecto también se obtiene al utilizarla como sustituto de la sacarosa en el día a día. Al reducir o eliminar el consumo de azúcares fermentables, se limita la fuente de alimento que requieren las bacterias orales para proliferar, lo que se traduce en un entorno bucal más saludable y menos riesgo de esta enfermedad dental

¿Qué cantidad de sacarina se considera segura?

Según instituciones como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), la ingesta diaria aceptable de sacarina es de entre 5 miligramos y 9 miligramos por kilogramo de peso corporal. Así, si una persona pesa 70 kilogramos, puede ingerir alrededor de 350 miligramos al día sin riesgo para la salud.

Superar dicha cantidad de forma habitual se considera excesivo y riesgoso, sobre todo si se combina con una ingesta elevada de otros edulcorantes artificiales.

¿Quiénes deberían evitar la sacarina?

Siempre que su ingesta se haga dentro de los límites establecidos, la sacarina se considera segura para la mayoría de las personas. Sin embargo, es preferible evitar su uso en condiciones específicas, como antecedentes de alergia a las sulfonamidas —a la que pertenece la sacarina—, ya que, en raros casos, podría ser el detonante de reacciones adversas como urticaria o dificultad para respirar.

Durante el embarazo, si bien las pruebas no son concluyentes, se ha observado que puede llegar a atravesar la placenta y permanecer en los tejidos fetales. Por ahora, aunque sus efectos a largo plazo no están demostrados, se recomienda limitar su uso en esta etapa como medida preventiva.

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La clave es un consumo consciente

La satanización de la sacarina carece de fundamento, pero tampoco es una solución mágica para dejar el azúcar, ni mucho menos está libre de controversias. Su uso moderado y ocasional es una alternativa interesante para disfrutar una amplia variedad de comidas dulces, sin añadir calorías extra ni afectar los niveles de glucosa en sangre.

Aún así, es importante tener criterio al utilizarla. Primero, porque el exceso de dulzor en la dieta a —aunque provenga de edulcorantes— puede reforzar el deseo por lo dulce y afectar tus decisiones alimentarias. También porque su inclusión en productos bajos en calorías puede dar la impresión de que las versiones «libres de azúcar» o «light» son saludables, aunque no sea del todo cierto.

Recuerda que si bien la sacarina no suma calorías, a menudo se incluye en alimentos ultraprocesados que contienen grasas saturadas, exceso de sodio y otros aditivos que no son recomendables. Así pues, consúmela sin culpa ni temor, pero siendo consciente de que, como casi todo en nutrición, la moderación y el balance son determinantes.

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Los hábitos que dañan tus encías, según el odontólogo Jesús Palma Ortiz

¿Cuándo fue la última vez que te preocupaste por la salud de tus encías? Los problemas periodontales suelen desarrollarse de forma lenta y silenciosa. Acudir a revisiones anuales y no ignorar síntomas como el sangrado, el mal aliento y la sensibilidad en las encías, puede ayudarte a mejorar tu calidad de vida y devolverte la
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El Dr. Jesús Palma Ortiz, médico y odontólogo especialista en implantología, cirugía oral y rehabilitación, trata este tipo de casos cada día en su consulta. Con años de experiencia en las clínicas Palma Medicodental (Madrid) y Medicodental SM (Úbeda), nos advierte cuáles son los síntomas y hábitos que pueden afectar nuestras encías.

Señales comunes de encías enfermas

Muchos de nosotros esperamos hasta tener una emergencia inminente o un dolor insoportable para visitar al dentista, pero, según explica el Dr. Jesús, está puede ser una muy mala idea. En el caso de las encías, puede haber señales de alarma que, aunque no generan molestias mayores, nos advierten de que algo no anda bien:

        <blockquote class="quote">
            Si no se trata, una simple inflamación de encías, conocida como gingivitis, puede evolucionar a periodontitis, una enfermedad mucho más grave que destruye el hueso que sostiene el diente en su lugar.
            <footer>Jesús Palma Ortiz, médico y odontólogo</footer>
        </blockquote>

En casos de enfermedad periodontal avanzada, se puede sufrir de pérdidas de dientes e infecciones crónicas. «Incluso se ha sugerido que existe una conexión entre el estado de las encías y enfermedades sistemáticas o afecciones cardiovasculares». Según el experto, unas encías poco saludables pueden poner en peligro la salud general.

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Malos hábitos que dañan tus encías sin que lo notes

En muchos de sus pacientes, el Dr. Palma ha notado que los problemas en sus encías no se deben a enfermedades en sí, sino a malas costumbres que afectan todos los días su salud periodontal. Ser más conscientes de los siguientes hábitos y tratar de evitarlos, así como tener una correcta rutina de higiene dental, te ayudará a tener unas encías más sanas.

1. Cepillarte con mucha fuerza

No hace falta ejercer una presión fuerte para tener unos dientes más limpios, con un cepillo de cerdas suaves, una buena pasta dental y una técnica correcta es más que suficiente.

«El cepillado excesivo y el uso de un cepillo de dientes con cerdas demasiado duras puede traumatizar el tejido gingival», advierte el odontólogo.

2. Fumar

Este hábito es perjudicial para la salud en general y puede disminuir el flujo sanguíneo hacia las encías y camuflar los signos de inflamación. Fumar suele deteriorar mucho la apariencia de la sonrisa, poniendo los dientes amarillos y las encías débiles.

3. Bruxismo

Según el Dr. Jesús, «el bruxismo puede llevar a una sobrecarga de la estructura dental y trauma al soporte periodontal». Este hábito de apretar los dientes suele intensificarse por factores como el estrés y es importante aprender a controlarlo.

4. Llevar una mala alimentación

«Otro hábito que puede dañar las encías es la nutrición inadecuada, específicamente la falta de vitamina C, ya que conduce al deterioro de la integridad del tejido», explicó el profesional.

Para tener unas encías sanas, incluye en tu dieta frutas y verduras ricas en vitamina C, como kiwi, naranja, mandarina, fresa, mango, pimiento rojo, brócoli, tomate crudo y espinacas.

5. No usar hilo dental

Cuando no usamos hilo dental antes de cepillarnos los dientes, pueden quedar residuos de comidas que se van acumulando poco a poco en forma de placa en sitios que el cepillo no puede alcanzar. Esto hace que las encías se inflamen y sangren con más facilidad.

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Cómo prevenir el deterioro de tus encías día a día

Dr. Jesús Palma Ortiz
Según el Dr. Jesús Palma Ortiz, para cuidar de las encías «todo comienza con una serie de prácticas simples pero regulares en casa».

Si sueles tener los hábitos anteriores y tienes síntomas de encías enfermas, lo primero que debes hacer es consultar con un odontólogo. Acorde con el Dr. Jesús Palma, «si la enfermedad está en una fase inicial se puede controlar con una limpieza dental eliminando el sarro bajo de la encía». Estos son algunos cuidados para cuidar de la salud de tus encías.

  1. Cepíllate dos veces al día: utiliza un cepillo interdental de dureza media y tu crema dental favorita después de cada comida o, al menos, dos veces al día. No ejerzas mucha presión y tómate tu tiempo.
  2. No te saltes el hilo dental: para evitar restos de comida que causan mal aliento y generan placa bacteriana, utiliza siempre hilo dental y enjuague bucal en tu rutina de cepillado.
  3. No fumes: procura sacar este hábito de tu vida si quieres tener una mejor salud en general y una sonrisa que no te avergüence mostrar. Tus dientes y tus encías te lo agradecerán.
  4. Mejora tu alimentación: «una dieta alta en frutas y verduras y baja en azúcares contribuye a la salud general y, a su vez, a tener encías saludables». Recuerda priorizar el consumo de vitamina C.
  5. Acude a chequeos regulares: visita a tu dentista al menos dos veces por año para que te brinde un tratamiento oportuno según el grado de afectación. En casos graves, puedes requerir cirugía periodontal o injertos de encía.

Evita estos hábitos que dañan tus encías y cuida de tu sonrisa

Tener una sonrisa sana y hermosa no significa tener una dentadura blanca. Las encías son el soporte de los dientes y cuidar de ellas es indispensable si queremos disfrutar de nuestra dentadura por muchos más años. Así que no ignores las señales de alarma, cepilla bien tus dientes y acude puntual a tus visitas de limpieza dental.

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La rutina de Elsa Pataky para mantenerse en forma a sus 48 años

La actriz española Elsa Pataky ha trabajado en múltiples series y películas a lo largo de su carrera, entre ellas Los Serrano o la famosa saga Rápido y Furioso. Su proyecto más reciente se llama Matices, un thriller psicológico —de ocho episodios— para la plataforma SkyShowtime, en donde interpreta a Eviana, una de las protagonistas.
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Durante la alfombra roja de esta serie en Madrid lució un ajustado vestido color ciruela con glitter, en donde se podía notar su buen y saludable estado físico. Esto trajo —de nuevo— a colación una duda común en internet: ¿cuál es la rutina de Elsa Pataky para verse tan bien a sus 48 años? A continuación, te contamos algunos de los tips y hábitos saludables que implementa en su día a día.

¿Qué rutina de ejercicios sigue Elsa Pataky?

Rutina de ejercicios de Elsa Pataky
En su cuenta de Instagram @elsapataky, la actriz compartió algunos de sus ejercicios favoritos.

Elsa Pataky hace actividad física a diario, para mantenerse, y no por la llegada del verano u otra tendencia. Como ella misma ha indicado en una entrevista con Harper Bazar, «el deporte es una filosofía de vida y me ha hecho quien soy».

El entrenamiento de fuerza juega un papel importante en su rutina. Este tiene como objetivo fortalecer los músculos y huesos del organismo. Y es que, a medida que envejecemos, vamos perdiendo masa muscular, lo que nos hace más difícil hacer ciertas labores diarias, como bajar las escaleras o agacharnos.

En particular, tiene una rutina donde combina ejercicios para tonificar piernas y glúteos, así como también para el core y el tren superior. Entre ellos se encuentran las sentadillas sumo, los abdominales, las zancadas con paso atrás y las arrancadas de potencia. Un dato clave es que en todos utiliza mancuernas o pesas rusas, para incrementar las cargas y el trabajo a los músculos.

También es consciente de la importancia del entrenamiento de flexibilidad y equilibrio, como medida para prevenir caídas y ganar estabilidad. Por ello, realiza pilates con pesas, estiramientos y yoga. De hecho, indica que este último le ha enseñado paciencia, por su suavidad y relajación. Asimismo, hace actividades al aire libre, como el surf y la equitación.

Si te estás iniciando en el entrenamiento de fuerza, comienza con mancuernas muy livianas y de preferencia busca la ayuda de un entrenador personal. La idea es que te enseñe la técnica adecuada, con el fin de evitar lesiones.

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¿Cómo es su alimentación?

La actriz madrileña practica el ayuno intermitente 16/8. Es decir, ayuna 16 horas del día (principalmente las nocturnas), e ingiere sus alimentos durante las restantes ocho horas. En particular, suele cenar temprano —alrededor de las seis o siete de la tarde—, y desayuna entre las nueve y diez de la mañana siguiente.

En la entrevista señala que le gusta comer sano y «de todo», haciendo énfasis en que los extremos no son buenos. Por tanto, sigue una dieta equilibrada, que combina diferentes grupos de alimentos. Además, evita los productos procesados y ultraprocesados, tal es el caso de la bollería industrial o frituras. La hidratación también es clave en su rutina, por ello bebe mucha agua al día.

Otros hábitos sostenibles de Elsa Pataky

Los hábitos saludables de Pataky no se reducen solo a la alimentación y el ejercicio. También realiza otras prácticas en su día a día, tanto para cuidar de su mente como de su cuerpo, obteniendo equilibrio y bienestar. Algunas de ellas son las siguientes:

  • Descanso. Una buena noche de sueño es clave para comenzar el día con energía y Elsa lo sabe. Por ello, procura dormir las horas necesarias, que, de acuerdo con la Fundación del Sueño, se ubican en al menos siete horas por noche para los adultos. También suele acostarse temprano, en la medida de lo posible.
  • Meditación. Realiza esta práctica como manera de conectar consigo misma y liberar el estrés del día a día.
  • Conexión con la naturaleza. Cada día, y como vive muy cerca del mar, ella comienza su jornada paseando a sus perros por la playa y dándose un chapuzón en el agua. Comenta que esto la ayuda a aclararse, despejar dudas y limpiar energías.
  • Cuidado de la piel. Considera que la hidratación es importante, tanto por dentro como por fuera. En este último apartado, recalca que usa cremas hidratantes que poseen retinol o vitamina C. Estos componentes tiene potencial para mejorar la textura de la piel, haciéndola más tersa. De igual manera, utiliza protector solar, para cuidarla de los rayos UV del sol y mantenerla «más joven».
  • Ducha fría y sauna. Otro truco que utiliza para comenzar el día con energía es tomar una ducha de agua fría, que la ayuda a activarse. Además, la actriz española ha confesado su gusto por el sauna, porque contribuye a liberar toxinas y mejorar la circulación.
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Un enfoque realista hacia el cuerpo y la edad

Uno de los temores más comunes con respecto a envejecer es el cambio de la apariencia y la aparición de las arrugas, pero este no es el caso de Elsa Pataky. Para ella, que el envejecimiento afecte su actividad y movilidad es su mayor temor. De hecho, considera que el aspecto físico del paso del tiempo no le preocupa mucho, que «hay que abrazarlo y no ponerse en su contra».

Otro punto en el que hace énfasis es que, si bien es cierto que puedes tomar inspiración en alguna rutina o tendencia de belleza y bienestar, lo más importante es conocerte a ti misma. De esta manera, puedes saber qué te sienta bien y qué no, porque todos somos diferentes. En conclusión, la rutina y hábitos de Elsa resaltan su constancia y compromiso con ella misma, cuidándose por dentro y por fuera.

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¿Estás en forma? Evalúa tu estado físico con estas 9 pruebas caseras

Hacer actividad física es clave para gozar de una mejor salud y bienestar. Pero, en ocasiones, ya sea por falta de tiempo u otras situaciones, lo dejamos en un segundo plano, lo que hace que nuestro estado físico pierda condiciones. Si bien es cierto que son los profesionales los que pueden medir con exactitud y
The post ¿Estás en forma? Evalúa tu estado físico con estas 9 pruebas caseras appeared first on Mejor con Salud.  Hacer actividad física es clave para gozar de una mejor salud y bienestar. Pero, en ocasiones, ya sea por falta de tiempo u otras situaciones, lo dejamos en un segundo plano, lo que hace que nuestro estado físico pierda condiciones. Si bien es cierto que son los profesionales los que pueden medir con exactitud y precisión el estado de tu cuerpo, también podrías hacer un par de pruebas caseras para saber si estás en forma.

Estos son test sencillos de realizar, no necesitan de equipo especializado y pueden servirte de punto de partida para mejorar tu condición física, ya que te darán pistas de qué podrías trabajar. Hay una gran variedad para intentar, desde aquellos que buscan medir la resistencia de tu cuerpo, hasta la fuerza o flexibilidad. Te mostramos alternativas.

1. Test del escalón

También lo conocen como test de subida de escaleras de Harvard. Su objetivo es medir la capacidad aeróbica (capacidad del cuerpo para funcionar eficiente cuando haces actividad física) y la resistencia. Para llevarlo a cabo debes:

  • Colócate frente a un escalón o grada, y con la ayuda de un metrónomo (hay apps que puedes instalar en el móvil con él), vas a subir un pie al escalón y luego el otro, para después bajar el primer pie al suelo, seguido del segundo.
  • Repite esta secuencia, moviendo tus pies al ritmo del metrónomo, por tres minutos.
  • Pasado el tiempo, siéntate en una silla y toma tu pulso durante treinta segundos, al minuto de haber terminado la prueba, luego a los dos minutos y, por último, a los tres.
  • Anota los datos y aplica la siguiente fórmula, teniendo en cuenta que p1, p2 y p3 son tus pulsaciones a los 1, 2 y 3 minutos.

100 x 180 / 2 x (p1 + p2 + p3)

Por último, busca el valor obtenido en los siguientes rangos de resultados sugeridos por el Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM:

  • Menor a 54: muy pobre
  • De 55 a 64: pobre
  • De 65 a 79: promedio.
  • De 80 a 89: bueno
  • Más de 90: excelente.
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2. Test de Cooper

Otra prueba casera para saber si estás en forma y medir tu capacidad aeróbica y resistencia es el test de Cooper. Hay varias versiones de este test, pero una muy práctica es en la que mides tu distancia recorrida durante doce minutos. Esto puedes hacerlo por medio de un reloj inteligente con GPS o corriendo en pista, donde una vuelta equivale a 400 metros aproximadamente.

Una vez tengas tus mediciones, ubícalas entre los valores dados por los expertos. Ten en cuenta que estos resultados corresponden a la media o promedio. De manera que si haces un número mayor a ellos, para tu rango de edad, significa que tu capacidad aeróbica es buena. Mientras que si el valor es menor, significa que deberías mejorarla.

Hombres

  • De 20 a 29 años: entre 2124 y 2397 metros.
  • De 30 a 39 años: entre 2018 y 2333 metros.
  • De 40 a 49 años: entre 2011 y 2236 metros.
  • De 50 a 59 años: entre 1882 y 2092 metros.
  • Más de 60 años: entre 1657 y 1931 metros.

Mujeres

  • De 20 a 29 años: entre 1802 y 1963 metros.
  • De 30 a 39 años: entre 1705 y 1899 metros.
  • De 40 a 49 años: entre 1593 y 1786 metros.
  • De 50 a 59 años: entre 1512 y 1689 metros.
  • Más de 60 años: entre 1400 y 1577 metros.

3. Sentadillas en un minuto

Aunque las sentadillas son unos de los más conocidos ejercicios para mantenerte en forma, también sirven como test casero para medir tu resistencia muscular, sobre todo en el tren inferior. Para hacer esta prueba, tan solo debes completar el mayor número de sentadillas que puedas en un minuto.

La técnica correcta para hacerlas consiste en pararte con pies a la altura de los hombros, espalda recta y mirada el frente. Los brazos estirados y hacia adelante. Luego, desciende flexionando las rodillas, cuidando que estas no sobrepasen la punta de tus pies, para después volver a la posición inicial.

Una vez que termine el minuto, ubica tus resultados en el rango de promedios. Si tus valores se encuentran por encima, es algo bueno; pero si están por debajo, necesitan mejorar.

Hombres

  • Entre 20 y 29 años: 37 a 42 sentadillas.
  • Entre 30 y 39 años: de 29 a 34 sentadillas.
  • Entre 40 y 49 años: de 24 a 29 sentadillas.

Mujeres

  • Entre 20 y 29 años: de 33 a 38 sentadillas.
  • Entre 30 y 39 años: de 25 a 30 sentadillas.
  • Entre 40 y 49 años: de 19 a 25 sentadillas.

Para las edades superiores a los 49 años, algunos expertos en entrenamiento personal sugieren reducir un 10 % a los valores por cada década transcurrida. Por ejemplo, el promedio para una mujer entre los 50 y 59 años estaría entre 17 y 23 sentadillas.

4. Flexiones en un minuto

Al igual que el test anterior, este busca poner a prueba tu resistencia muscular, pero la del tren superior. Para llevarla a cabo tan solo debes hacer flexiones tradicionales. Colócate boca abajo, con las palmas de las manos como punto de agarre con el suelo, ubicadas justo por debajo de los hombros.

Los pies deben ir apoyados en el suelo, más si consideras que no puedes sostener tu cuerpo con los pies y manos, se vale utilizar las rodillas. Luego debes flexionar los codos para descender y estirarlos para ascender. La idea es que hagas la mayor cantidad posible de flexiones en un minuto, y lleves la cuenta de ellas.

Pasado ese tiempo, ubica tus valores en los resultados promedios. Y recuerda que arriba de ellos es algo bueno; mientras que por debajo, lo ideal sería mejorarlo. También considera reducir los valores en un 10 % por década, a partir de los 50 años.

Hombres

  • Entre 20 y 29 años: de 35 a 44 flexiones.
  • Entre 30 y 39 años: de 25 a 34 flexiones.
  • Entre 40 y 49 años: de 20 a 29 flexiones.

Mujeres

  • Entre 20 y 29 años: de 17 a 33 flexiones.
  • Entre 30 y 39 años: de 12 a 24 flexiones.
  • Entre 40 y 49 años: de 8 a 19 flexiones.

5. Salto lateral

Otra prueba casera para saber si estás en forma es el salto lateral. Ella en particular te ayudará a medir tu agilidad, útil en situaciones que requieran de cambios de postura rápidos. Tan solo debes hacer la mayor cantidad de saltos laterales (de derecha a izquierda, con los pies juntos, y luego de regreso), en un minuto, saltando un obstáculo.

Lo ideal sería una pequeña valla o cono, que no sobrepase los 10 centímetros de alto. Pero puedes utilizar otros objetos, como una caja de zapatos alargada o un libro alto. Ahora, si te sientes muy inseguro/a de realizar la prueba con el obstáculo, puedes quitarlo. Pero traza una línea en el suelo que te guíe durante los saltos. Una vez terminado el tiempo, ubica tus resultados:

Hombres

  • Muy pobre: 134 o menos.
  • Pobre: de 135 a 155.
  • Promedio: de 156 a 180.
  • Bueno: de 181 a 198.
  • Excelente: de 199 en adelante.

Mujeres

  • Muy pobre: 130 o menos.
  • Pobre: de 131 a 146.
  • Promedio: de 147 a 173.
  • Bueno: de 174 a 183.
  • Excelente: de 184 en adelante.

6. Equilibrio monopodal o a una pierna

Como su nombre lo indica, este test casero busca poner a prueba tu equilibrio y estabilidad, importantes para prevenir caídas. Es muy sencilla de realizar: basta con colocarte de pie, con las manos en las caderas y elevar una de las piernas llevándola hacia el abdomen. La idea es permanecer en esa posición, por lo mínimo diez segundos. Si pierdes el equilibrio o la pierna elevada baja de posición, la prueba habrá terminado.

Hay quienes realizan este test con los ojos cerrados, más los expertos de la Clínica de Cleveland recomiendan no intentarlo si no puedes completarla viendo. El motivo es que, al no contar con la visión, te costará más estabilizarte.

7. Sentarse y pararse

Otra prueba que sirve para medir tanto el equilibrio como la movilidad es la de sentarse y pararse. Comienza colocándote de pie, cruza una de las piernas tras la otra y desciende, hasta quedar sentado en el suelo. Luego impúlsate hacia arriba y levántate, sin apoyarte. Puedes tomarte todo el tiempo que desees en completarla.

Sus creadores le dieron un puntaje total al test de 10 puntos: 5 por lograr sentarse y 5 por pararse, de forma estable y sin ayuda. Pero, si al realizarla te apoyas de las manos, rodillas o muslos, te restará un punto. También perderás 0.5 puntos si la ejecución del movimiento es inestable. Mientras más alto sea el resultado —más cercano a 10—, indicará mejor movilidad y equilibrio.

Otra versión: con silla

Si consideras que el test anterior es muy desafiante o temes llegar a caerte, hay otra versión que es un poco más sencilla e ideal para personas de la tercera edad. Con ella medirás la estabilidad y resistencia de las piernas.

Para llevarla a cabo necesitarás de una silla sin reposabrazos. Colocando las manos sobre los hombros, con los brazos cruzados, vas a sentarte y levantarte de la silla, la mayor cantidad de veces que puedas, durante 30 segundos. Luego, compara tus resultados con los siguientes valores mínimos. En caso de ser inferiores, significa que estás en mayor riesgo de caídas.

  • Entre 60 y 64 años: hombres 14 / mujeres 12
  • Entre 65 y 69 años: hombres 12 / mujeres 11
  • Entre 70 y 74 años: hombres 12 / mujeres 10
  • Entre 75 y 79 años: hombres 11 / mujeres 10
  • Entre 80 y 84 años: hombres 10 / mujeres 9
  • Entre 85 y 89 años: hombres 8 / mujeres 8
  • Entre 90 y 94 años: hombres 7 / mujeres 4
        <blockquote class="in-text">Si eres menor de 60 años, deberías sobrepasar los valores mínimos del primer rango, es decir, 14 para los hombres y 12 para las mujeres.</blockquote>

8. Sit and reach o test de West

Esta prueba casera mide la flexibilidad de los músculos de la espalda baja y la parte posterior del muslo. Esta capacidad es necesaria para prevenir lesiones y llevar a cabo los diversos movimientos de tu día a día.

Para hacer el test, tan solo debes sentarte en el suelo, con tus piernas extendidas hacia adelante, tocando una pared o con los pies formando un ángulo de 90 grados. Lo siguiente es estirar tus brazos, con una mano sobre la otra, e intentar tocar los dedos de tus pies, sin moverlos hacia ti ni levantar las rodillas del suelo. Si lo logras, significa que tu flexibilidad es promedio; si sobrepasas tus dedos, tu flexibilidad es muy buena; pero, si no consigues alcanzarlos, significa que debe mejorar.

9. Sostener tu peso

Por último, terminamos este listado de pruebas caseras para saber si estás en forma con una opción para medir tu fuerza. Para llevarla a cabo necesitarás de una barra de dominadas, o si no tienes una en casa, puedes ir a un parque que tenga este aparato.

Lo que debes hacer es sostener, con ambas manos, la barra e intentar mantenerte colgado en ella y sin que tus pies toquen el suelo, por lo menos un minuto. Si lo logras o superas ese tiempo, quiere decir que tienes la fuerza suficiente como para soportar tu propio peso.

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¿Estás conforme con los resultados?

Si hiciste las pruebas y obtuviste resultados positivos, ¡felicidades! Es muy probable que te encuentres en buen estado físico. Por otro lado, si tus resultados no fueron los que esperabas, ¡no desesperes!, que puedes mejorar. Los puntos que miden estas pruebas, como lo son la flexibilidad, la fuerza o la resistencia, se pueden trabajar con ejercicio.

Por ejemplo, podrías mejorar tu capacidad aeróbica corriendo o nadando. Mientras que para trabajar la fuerza y resistencia muscular, el entrenamiento de fuerza es el indicado. En el caso del equilibrio, lo puedes mejorar con taichí o yoga.

Recuerda que los test son solo un punto de partida. Y en estos casos, lo ideal es buscar la ayuda de un entrenador personal. Él podrá hacerte pruebas más técnicas y te recomendará los mejores ejercicios y plan de entrenamiento para tu persona y objetivos.

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9 secretos para peinar los rizos y mantenerlos definidos

Peinar el cabello rizado puede sentirse como un campo minado: un movimiento en falso y tus bucles pasan de definidos a un desastre esponjoso. No es drama, es la realidad. Basta con aplicar mal un producto o usar la herramienta equivocada para que tu melena pierda definición y se llene de frizz. Aunque no todos
The post 9 secretos para peinar los rizos y mantenerlos definidos appeared first on Mejor con Salud.  Peinar el cabello rizado puede sentirse como un campo minado: un movimiento en falso y tus bucles pasan de definidos a un desastre esponjoso. No es drama, es la realidad. Basta con aplicar mal un producto o usar la herramienta equivocada para que tu melena pierda definición y se llene de frizz.

Aunque no todos los rizos se comportan igual, hay ciertos principios que no fallan cuando se trata de respetar su forma y mantener su textura intacta. Desde varias técnicas —como el scrunching, el wet plopping y el rake and shake— hasta la manera correcta de desenredar, aquí te contamos los mejores secretos para lograr una rutina de peinado que potencie lo mejor de tu cabellera.

1. Peina tu cabello cuando esté mojado y con acondicionador o crema sin enjuague

Cuando cepillas en seco, el pelo rizado pierde elasticidad, se rompe con facilidad y se deshace la forma natural del bucle. Lo ideal es desenredarlo completamente mojado y cubierto de un acondicionador o crema leave-in. Estos productos suavizan la cutícula y facilitan el deslizamiento del peine o los dedos. Lo mejor es hacerlo en la ducha, mientras actúa el acondicionador. Si no puedes, humedece bien con un atomizador y reaplica producto.

¡Mucha atención! Si notas tu pelo áspero y que el producto se absorbe demasiado rápido, añade más agua. Cuando esté suave y resbaloso al tacto, sabrás que es el momento adecuado para peinar.

Tip: evita los cepillos rígidos o de cerdas finas, ya que alteran la forma del rizo y generan fricción. En su lugar, usa un peine de dientes anchos o tus dedos.

2. Divide tu cabello en secciones

Uno de los errores más comunes al peinar rizos es intentar trabajar toda la melena a la vez. Esto no solo dificulta el control, sino que aumenta el riesgo de nudos, tirones y quiebre.

La solución es simple: dividir el cabello en secciones pequeñas, según su densidad y largo. Esto permite desenredar de forma progresiva y aplicar el producto con mayor precisión, lo que mejora notablemente el resultado final.

Comienza separando el cabello en cuatro a ocho partes, sujetándolas con pinzas o ligas suaves. Desenreda cada sección de puntas a raíz, y asegúrate de que el producto cubra toda la hebra antes de pasar a la siguiente. Trabajar de esta manera también te ayuda a identificar zonas con más encogimiento o porosidad, y tratarlas según su necesidad.

3. Aplica crema de peinar

La crema para peinar es clave para definir y controlar los rizos desde el inicio. Aplícala con el cabello bien húmedo, justo después de desenredar. Divide en secciones y distribuye una cantidad moderada de medios a puntas. Usa las manos como peine: alísala con los dedos varias veces por cada mechón para asegurar que cubra toda la hebra.

Si tu cabello es fino, elige un producto ligero. Si es más grueso o seco, opta por una fórmula más densa. En ambos casos, evita saturar: el exceso de producto puede aplastar el rizo o dejar residuos visibles.

Tip: calienta la crema entre las palmas antes de aplicarla. Esto mejora la absorción y evita que se quede en la superficie del cabello.

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4. Desenreda de puntas a raíz (no al revés)

El orden en que desenredas importa. Si empiezas por la raíz, arrastras los nudos hacia abajo y generas más tirones y quiebre. En cambio, al comenzar por las puntas, liberas progresivamente cada tramo sin dañar la fibra capilar.

Hazlo con el cabello húmedo, con crema o acondicionador aplicado. Usa los dedos —o un peine de dientes anchos— y trabaja en secciones. Sujeta el mechón con una mano para no jalar desde la raíz y pasa el peine o los dedos suavemente desde las puntas hacia arriba, liberando los nudos poco a poco.

Tip: si un nudo no cede, no lo fuerces. Añade un poco más de producto en esa zona y deshazlo con los dedos. La paciencia evita roturas innecesarias.

5. Peina hacia abajo o boca abajo, según el volumen que busques

La dirección en la que peinas tu cabello afecta directamente el resultado final. Peinar hacia abajo ayuda a alinear los rizos y lograr una caída más definida. Es ideal si buscas que se formen con control desde la raíz.

En cambio, si lo haces con la cabeza boca abajo, elevas la raíz y consigues más volumen. Esta posición separa los mechones desde la base, lo que da un efecto más ligero y aireado, perfecto si tu cabello tiende a aplastarse o si te gusta una silueta con cuerpo.

Tip: puedes combinar ambas técnicas. Peina hacia abajo en los laterales y parte superior para definir, y finaliza con unos minutos boca abajo al aplicar el último producto o al secar con difusor para levantar la raíz sin perder control.

6. Prueba la técnica del scrunching para activar los rizos

Esta técnica consiste en amasar el cabello desde las puntas hacia la raíz con las manos, como si estuvieras estrujando una camiseta mojada. Este gesto activa el patrón natural del rizo, fomenta su formación y ayuda a distribuir el producto sin romper la estructura.

Para hacerlo bien, inclina la cabeza hacia un lado o hacia abajo y trabaja en secciones. Coloca un mechón en la palma, súbelo en forma de acordeón hasta la raíz y aprieta suavemente. Evita frotar o retorcer el cabello, ya que eso puede deformar el rizo.

El scrunching es útil en cabellos ondulados o con rizos que necesitan estímulo para formarse. Puedes repetirlo tras aplicar el gel o mousse si buscas una fijación mayor.

Si sientes que tus rizos se ven pesados o estirados tras aplicar el producto, haz scrunch con una toalla de microfibra o una camiseta de algodón para absorber el exceso y devolverles rebote. Así evitas que se aplasten durante el secado.

7. Aplica la técnica fitagem

La fitagem es una técnica de origen brasileño diseñada para lograr rizos separados, definidos y con una textura pulida desde la raíz hasta las puntas. A diferencia de otros métodos, esta técnica permite moldear el cabello con precisión desde el momento de aplicar el producto, organizando las hebras para que cada una conserve su curvatura natural.

Se basa en dividir el cabello mojado en pequeñas secciones y aplicar la crema para peinar o el leave-in con los dedos, estirando el mechón de forma controlada desde la raíz hasta las puntas. Al hacer esto, se crean lo que las estilistas llaman fitas —cintas o tiras de cabello— que se agrupan según su patrón natural, logrando mayor definición.

¿Cómo se aplica paso a paso?

  1. Trabaja sobre el cabello limpio, húmedo y dividido en secciones. Lo ideal es que cada mechón tenga entre dos y tres dedos de grosor para facilitar el manejo.
  2. Aplica una cantidad generosa de crema para peinar o leave-in en cada mechón. Asegúrate de distribuir el producto desde la raíz hasta las puntas, sin dejar zonas secas.
  3. Desliza los dedos a lo largo del mechón varias veces. Esto no solo ayuda a distribuir el producto de forma uniforme, sino que organiza la fibra capilar y reduce el frizz desde el origen.
  4. Observa cómo el cabello comienza a separarse en tiras definidas. Si alguna zona luce saturada o sin rebote, puedes hacer un leve scrunch solo en ese mechón para devolver elasticidad.
  5. Continúa sección por sección hasta cubrir toda la cabeza. Tómate tu tiempo, ya que el éxito de esta técnica está en el detalle.
        <blockquote class="in-text">Para prolongar la forma y evitar que el rizo se abra durante el día, muchas estilistas recomiendan aplicar una pequeña cantidad de gel o <em>mousse</em> solo en las puntas. Esto ayuda a sellar la estructura sin endurecer toda la hebra.</blockquote>

8. Prueba el wet plopping para potenciar la definición

El wet plopping es una técnica sencilla pero eficaz para conservar la forma de los rizos mientras se absorbe el exceso de agua, sin alterar la definición. Consiste en envolver el cabello mojado con una camiseta de algodón o una toalla de microfibra justo después de aplicar tus productos de peinado.

Este método permite que el cabello repose en una posición que favorece el patrón del rizo, mientras se evita el frizz que suele aparecer con las toallas convencionales o al dejarlo secar al aire sin control.

¿Cómo se hace?

  1. Aplica tus productos con el cabello bien húmedo.
  2. Coloca una camiseta de algodón extendida sobre una superficie plana.
  3. Inclina la cabeza hacia abajo y deja que los rizos caigan sobre la tela.
  4. Envuelve el cabello como si fuera un turbante, sin apretar.
  5. Deja reposar entre 10 y 30 minutos antes de soltar y dejar secar al aire o con difusor.
        <blockquote class="in-text">Si tienes rizos con poco rebote o que se deforman fácilmente, el <em>wet plopping</em> ayuda a que la curvatura se mantenga intacta durante la fase de secado inicial.</blockquote>

9. Usa la técnica rake and shake para formar rizos con rebote

Si quieres rizos definidos, sueltos y con movimiento, la técnica rake and shake es una excelente opción. Consiste en peinar el producto con los dedos (como un rastrillo) y luego sacudir ligeramente las puntas para activar la curvatura natural.

A diferencia de técnicas que agrupan el rizo en bloques, esta favorece una separación más natural entre mechones, ideal para cabellos ondulados o rizos tipo 2C a 3B que tienden a apelmazarse.

¿Cómo se aplica?

  1. Con el cabello húmedo y con producto aplicado, toma un mechón mediano.
  2. Peina con los dedos desde la raíz hasta las puntas, separando bien los hilos.
  3. Antes de soltar el mechón, sujétalo por las puntas y sacúdelo suavemente hacia los lados o de arriba hacia abajo.
  4. Repite en toda la cabeza, trabajando por secciones.
        <blockquote class="in-text"><em><strong>Tip</strong></em>: no sacudas con fuerza. El gesto debe ser corto y controlado. Esto permite que cada grupo de hebras se enrosque de forma natural, sin <em>frizz</em> y con mejor caída.</blockquote>


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Define rizos sin dañarlos

Peinar el cabello rizado no se trata de controlarlo a la fuerza, sino de respetar su forma, trabajar con su textura y acompañar su movimiento natural. Cada uno de los consejos que viste aquí —desde el momento de aplicar la crema hasta la dirección en la que colocas el difusor— tiene un objetivo común: definir sin dañar.

No necesitas seguir una rutina complicada ni llenar tu estante de productos. Lo que realmente marca la diferencia es la técnica, el orden y el cuidado con el que tratas cada mechón. Si aprendes a leer lo que tu cabello necesita y adaptas estas prácticas a tu día a día, los resultados van más allá del peinado: mejoran la salud, la forma y la relación con tu propio rizo.

Dale tiempo, observa lo que funciona para ti y recuerda que cada rizo tiene su propio lenguaje. Aprender a peinarlo es también aprender a escucharlo.

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Qué es el soft trekking y qué necesitas saber para empezar a practicarlo

Si creías que el senderismo era solo realizar grandes travesías y tener rodillas de acero, es porque aún no conoces el soft trekking. También llamado soft hiking, esta tendencia es una forma más suave y amigable de hacer caminatas al aire libre, sin prisas ni exigencias extremas. Se trata de caminar a tu propio ritmo y
The post Qué es el soft trekking y qué necesitas saber para empezar a practicarlo appeared first on Mejor con Salud.  Si creías que el senderismo era solo realizar grandes travesías y tener rodillas de acero, es porque aún no conoces el soft trekking. También llamado soft hiking, esta tendencia es una forma más suave y amigable de hacer caminatas al aire libre, sin prisas ni exigencias extremas. Se trata de caminar a tu propio ritmo y reconectar con la naturaleza.

La idea nació de Emily Thornton y Lucy Hird, dos jóvenes británicas que no se sentían identificadas con el estilo de trekking tradicional. A través de su cuenta @softgirlswhohike, comenzaron a compartir su experiencia con este enfoque relajado y pronto se convirtieron en referentes de una nueva forma de caminar.

Como mencionan: «En esencia, soft hiking significa que el senderismo no tiene que ser duro. Se trata menos sobre la actividad y el nivel de dificultad y más sobre ser gentil y bondadoso contigo mismo al practicar senderismo». En lugar de enfocarse en la distancia o el rendimiento, esta propuesta invita a escuchar al cuerpo, hacer pausas, contemplar el entorno y disfrutar del momento presente.

¿Cómo iniciarse en el soft trekking?

Accesible para todos los niveles de condición física, este senderismo suave abarca desde escalar una montaña —o subir por una colina— hasta un simple paseo por el bosque. Para iniciarte en él, debes cambiar el objetivo: la meta no es llegar rápido, sino pasarlo bien. Te compartimos algunos claves:

¿Qué necesitas para comenzar a practicar soft trekking?
Contar con el equipo adecuado, la elección de las rutas y tener en cuenta el clima son fundamentales para disfrutar de esta práctica.
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Soft trekking versus trekking tradicional

Si bien ambas actividades implican salir a caminar por la naturaleza, el enfoque es distinto. Mientras que el trekking tradicional suele tener un enfoque deportivo más marcado, con metas de distancia, tiempo o dificultad, el soft trekking pone el foco en la experiencia emocional y sensorial.

Desde Soft Girls Who Hike indican que «No se trata sobre llegar del punto a al punto en un récord de tiempo. Puedes esforzarte para caminar hasta la cima del Ben Nevis, pero de una manera suave y amable». En lugar de apurarte por llegar o esforzarte al máximo, puedes tomarte tiempo para descansar, sacar fotos o conversar con tus compañeros de aventuras.

«Es una cuestión de mentalidad. Contempla tu entorno, sé gentil contigo mismo, recarga tu cuerpo y toma descansos cuando lo necesites».

-@softgirlswhohike-

Beneficios del soft hiking

Esta práctica combina los beneficios de hacer actividad física con lo mejor de estar en la naturaleza, según indican en el American Journal of Lifestyle Medicine. Este ejercicio al aire libre tiene las siguientes ventajas:

  • Favorece la socialización y el bienestar mental.
  • Es económico, accesible y fácil de mantener como hábito.
  • Mejora la salud cardiovascular y ayuda a mantener un peso saludable.
  • Fortalece el sistema inmunológico gracias al contacto con la naturaleza.
  • Reduce el estrés, la ansiedad y mejora el estado de ánimo.
        <blockquote class="in-text">Además, muchas personas lo adoptan como una «<a href="https://mejorconsalud.as.com/caminata-afgana/">meditación caminando</a>», centrada en la respiración, el entorno y las sensaciones del cuerpo.</blockquote>


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Consejos para practicar senderismo suave

Practicar esta actividad no requiere grandes conocimientos ni una preparación intensa, pero sí es importante tener en cuenta algunos consejos para hacer trekking, para disfrutar al máximo de la experiencia. Desde cómo elegir la ruta hasta qué llevar en la mochila, cada pequeño detalle puede marcar la diferencia entre una caminata placentera y un paseo incómodo.

  • Elige rutas adecuadas para tu condición física y experiencia.
  • Suma bastones de trekking para reducir la tensión en las articulaciones.
  • Relájate disfrutando de los alrededores, escuchando los sonidos de la naturaleza o tomando fotos.
  • Infórmate sobre programas locales o espacios naturales que ofrezcan trails o senderos, y clubes de soft trekking en las redes sociales.
  • Antes de ir a un lugar, averigua sobre la longitud, la dificultad del sendero, la duración estimada y el entorno (si es rocoso, húmedo, etc.).
  • Dependiendo de la caminata, empaca dos litros de agua o más, suficientes snacks saludables (como frutas, frutos secos o barras energéticas), un mapa del sendero, un protector solar, una muda de ropa para lluvia y una linterna.

Una forma diferente y más amable de hacer senderismo

El soft trekking o soft hiking es una gran alternativa para quienes disfrutan de caminar, pero a su ritmo, contemplando su alrededor y sin exigencias. Si alguna vez sentiste que no disfrutas del senderismo tradicional —porque te centras más en completar las rutas, en un buen tiempo o en poder alcanzar a tus compañeros—, esta alternativa puede ser para ti.

No se trata de exigirte al máximo, sino de disfrutar de la naturaleza mientras caminas de forma relajada. Busca comida, identifica hierbas o escucha a las aves, disfruta del tiempo con tus amigos y conversa. No hay necesidad de apurarse cuando el objetivo es estar presente en el momento y gozar de una buena experiencia.

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Los hábitos que dañan tus encías, según el odontólogo Jesús Palma Ortiz

¿Cuándo fue la última vez que te preocupaste por la salud de tus encías? Los problemas periodontales suelen desarrollarse de forma lenta y silenciosa. Acudir a revisiones anuales y no ignorar síntomas como el sangrado, el mal aliento y la sensibilidad en las encías, puede ayudarte a mejorar tu calidad de vida y devolverte la
The post Los hábitos que dañan tus encías, según el odontólogo Jesús Palma Ortiz appeared first on Mejor con Salud.  ¿Cuándo fue la última vez que te preocupaste por la salud de tus encías? Los problemas periodontales suelen desarrollarse de forma lenta y silenciosa. Acudir a revisiones anuales y no ignorar síntomas como el sangrado, el mal aliento y la sensibilidad en las encías, puede ayudarte a mejorar tu calidad de vida y devolverte la confianza en tu sonrisa.

El Dr. Jesús Palma Ortiz, médico y odontólogo especialista en implantología, cirugía oral y rehabilitación, trata este tipo de casos cada día en su consulta. Con años de experiencia en las clínicas Palma Medicodental (Madrid) y Medicodental SM (Úbeda), nos advierte cuáles son los síntomas y hábitos que pueden afectar nuestras encías.

Señales comunes de encías enfermas

Muchos de nosotros esperamos hasta tener una emergencia inminente o un dolor insoportable para visitar al dentista, pero, según explica el Dr. Jesús, está puede ser una muy mala idea. En el caso de las encías, puede haber señales de alarma que, aunque no generan molestias mayores, nos advierten de que algo no anda bien:

        <blockquote class="quote">
            Si no se trata, una simple inflamación de encías, conocida como gingivitis, puede evolucionar a periodontitis, una enfermedad mucho más grave que destruye el hueso que sostiene el diente en su lugar.
            <footer>Jesús Palma Ortiz, médico y odontólogo</footer>
        </blockquote>

En casos de enfermedad periodontal avanzada, se puede sufrir de pérdidas de dientes e infecciones crónicas. «Incluso se ha sugerido que existe una conexión entre el estado de las encías y enfermedades sistemáticas o afecciones cardiovasculares». Según el experto, unas encías poco saludables pueden poner en peligro la salud general.

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Malos hábitos que dañan tus encías sin que lo notes

En muchos de sus pacientes, el Dr. Palma ha notado que los problemas en sus encías no se deben a enfermedades en sí, sino a malas costumbres que afectan todos los días su salud periodontal. Ser más conscientes de los siguientes hábitos y tratar de evitarlos, así como tener una correcta rutina de higiene dental, te ayudará a tener unas encías más sanas.

1. Cepillarte con mucha fuerza

No hace falta ejercer una presión fuerte para tener unos dientes más limpios, con un cepillo de cerdas suaves, una buena pasta dental y una técnica correcta es más que suficiente.

«El cepillado excesivo y el uso de un cepillo de dientes con cerdas demasiado duras puede traumatizar el tejido gingival», advierte el odontólogo.

2. Fumar

Este hábito es perjudicial para la salud en general y puede disminuir el flujo sanguíneo hacia las encías y camuflar los signos de inflamación. Fumar suele deteriorar mucho la apariencia de la sonrisa, poniendo los dientes amarillos y las encías débiles.

3. Bruxismo

Según el Dr. Jesús, «el bruxismo puede llevar a una sobrecarga de la estructura dental y trauma al soporte periodontal». Este hábito de apretar los dientes suele intensificarse por factores como el estrés y es importante aprender a controlarlo.

4. Llevar una mala alimentación

«Otro hábito que puede dañar las encías es la nutrición inadecuada, específicamente la falta de vitamina C, ya que conduce al deterioro de la integridad del tejido», explicó el profesional.

Para tener unas encías sanas, incluye en tu dieta frutas y verduras ricas en vitamina C, como kiwi, naranja, mandarina, fresa, mango, pimiento rojo, brócoli, tomate crudo y espinacas.

5. No usar hilo dental

Cuando no usamos hilo dental antes de cepillarnos los dientes, pueden quedar residuos de comidas que se van acumulando poco a poco en forma de placa en sitios que el cepillo no puede alcanzar. Esto hace que las encías se inflamen y sangren con más facilidad.

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Cómo prevenir el deterioro de tus encías día a día

Dr. Jesús Palma Ortiz
Según el Dr. Jesús Palma Ortiz, para cuidar de las encías «todo comienza con una serie de prácticas simples pero regulares en casa».

Si sueles tener los hábitos anteriores y tienes síntomas de encías enfermas, lo primero que debes hacer es consultar con un odontólogo. Acorde con el Dr. Jesús Palma, «si la enfermedad está en una fase inicial se puede controlar con una limpieza dental eliminando el sarro bajo de la encía». Estos son algunos cuidados para cuidar de la salud de tus encías.

  1. Cepíllate dos veces al día: utiliza un cepillo interdental de dureza media y tu crema dental favorita después de cada comida o, al menos, dos veces al día. No ejerzas mucha presión y tómate tu tiempo.
  2. No te saltes el hilo dental: para evitar restos de comida que causan mal aliento y generan placa bacteriana, utiliza siempre hilo dental y enjuague bucal en tu rutina de cepillado.
  3. No fumes: procura sacar este hábito de tu vida si quieres tener una mejor salud en general y una sonrisa que no te avergüence mostrar. Tus dientes y tus encías te lo agradecerán.
  4. Mejora tu alimentación: «una dieta alta en frutas y verduras y baja en azúcares contribuye a la salud general y, a su vez, a tener encías saludables». Recuerda priorizar el consumo de vitamina C.
  5. Acude a chequeos regulares: visita a tu dentista al menos dos veces por año para que te brinde un tratamiento oportuno según el grado de afectación. En casos graves, puedes requerir cirugía periodontal o injertos de encía.

Evita estos hábitos que dañan tus encías y cuida de tu sonrisa

Tener una sonrisa sana y hermosa no significa tener una dentadura blanca. Las encías son el soporte de los dientes y cuidar de ellas es indispensable si queremos disfrutar de nuestra dentadura por muchos más años. Así que no ignores las señales de alarma, cepilla bien tus dientes y acude puntual a tus visitas de limpieza dental.

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Un estudio en Harvard revela el arrepentimiento más común de las mujeres al final de su vida

Todos hemos experimentado el arrepentimiento al menos una vez. Bien sea por algo pequeño, como hacer una compra impulsiva en el súper, o más significativo, como decirle algo que no sentías a alguien querido y que eso haya afectado su relación. Esas son solo algunas de las muchas cosas de las que nos podemos lamentar
The post Un estudio en Harvard revela el arrepentimiento más común de las mujeres al final de su vida appeared first on Mejor con Salud.  Todos hemos experimentado el arrepentimiento al menos una vez. Bien sea por algo pequeño, como hacer una compra impulsiva en el súper, o más significativo, como decirle algo que no sentías a alguien querido y que eso haya afectado su relación. Esas son solo algunas de las muchas cosas de las que nos podemos lamentar en la vida. Pero, ¿te has preguntado cuál es el arrepentimiento más común de las mujeres al llegar a la vejez?

Un estudio de la Universidad de Harvard parece dar respuesta a esa incógnita. Según sus datos, las mujeres se arrepienten al final de su vida de haber dado tanta importancia al «qué dirán» y a la opinión de los demás. Y esto tuvo una influencia directa en cómo llevaron sus vidas.

Hallazgos del estudio de Harvard

El Estudio de Harvard sobre el Desarrollo Adulto inició en el año 1938, por lo que lleva más de 85 años en marcha. Su objetivo es identificar y comprender qué factores predicen el éxito y la prosperidad en la vida de las personas. Para ello siguió la trayectoria de un grupo de jóvenes y actualmente también incluye a sus familias. El psiquiatra e investigador Robert Waldinger es el director del estudio y en una entrevista habló sobre lo que descubrieron en el punto de los arrepentimientos de las mujeres en la vejez.

Él comenta que cuando las participantes originales del estudio rondaban los 80 años, les consultaron a las mujeres sobre qué se arrepentían más al mirar atrás. La mayoría respondió que lamentaba haber tenido tan en cuenta la opinión de los demás sobre lo que estaba bien y mal; a su vez, precisaron que les habría gustado ser más fieles a sí mismas.

En el caso de ellos, lamentaron haber pasado tanto tiempo en la oficina, en lugar de con sus seres queridos. Ahora, en el otro lado de la balanza, el estudio también indaga sobre lo que genera más orgullo en el ocaso de la vida —tanto en hombres como en mujeres—, y eso es la calidad de sus relaciones: ser buena madre o padre, buena amiga/o, buena jefa/e, entre otros.

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¿Por qué este arrepentimiento es tan recurrente?

Son varios los motivos por los que las mujeres suelen arrepentirse de haber dado tanta importancia al qué dirán. Uno de ellos tiene que ver con los estereotipos y roles de género. Es decir, las conductas que la propia sociedad considera «apropiadas» para sus miembros.

En este sentido, el Instituto Nacional de las Mujeres de México señala que algunos de los roles de género tradicionales asociados con ellas son el de cuidadora, mediadora o subordinada. Es probable que algunas mujeres hayan tenido que reprimir sus verdaderos deseos y opiniones en algunos aspectos de su vida, para poder alinearse con esos roles.

Otra posible causa de la frecuencia de este arrepentimiento tiene que ver con una necesidad de aprobación y pertenencia. El psicólogo Walter Riso y la psiquiatra Iris Luna señalan que una persona puede buscar la aprobación a su alrededor para sentirse valorada y aceptada.

Es decir, es posible que las mujeres prestaban tanta atención al qué dirán, y moldeaban sus acciones a esto para sentirse parte de la comunidad y valoradas. Además, muchas evitaban el juicio o la crítica si hacían algo que era su deseo, pero que no iba alineado con las normas sociales.

¿Cómo influye en la vida de las mujeres?

Una de las consecuencias que trae a las mujeres darle tanta importancia a las opiniones ajenas es que afecta su autenticidad. De hecho, en el propio estudio, las participantes indicaron que les hubiera gustado ser más fieles a sí mismas, lo que es una característica de esa autenticidad.

Otros expertos señalan que la autenticidad es positiva para fomentar la sensación de bienestar individual. Por eso, cuando se ve afectada, podría generar insatisfacciones y resentimientos, haciendo que no puedan expresar su identidad de manera plena.

Tener tan en cuenta la opinión de los demás también puede afectar la capacidad para tomar decisiones. En este contexto, ellas podrían hacer una elección basada en el entorno y por miedo al juicio social, y no por lo que en realidad sienten y creen. Esto les generaría ese arrepentimiento en la vejez.

¿Se puede prevenir el arrepentimiento de las mujeres al final de su vida?

Una idea para reducir el arrepentimiento de las mujeres en la vejez, relacionado con el qué dirán, tiene que ver con trabajar en la autenticidad. Para ello, es importante cultivar la autoconciencia, identificando lo que nos gusta y lo que no, así como nuestros valores y motivaciones al realizar alguna acción. También es clave expresar nuestro sentir de forma clara y respetuosa.

De igual manera, el estudio de Harvard señala que las buenas relaciones y los vínculos fuertes e íntimos con otras personas son claves para una vida más larga, sana y feliz. Si tenemos esto en cuenta, cultivar esas relaciones con nuestros seres queridos hace que formemos conexiones profundas, que pueden ayudarnos a reducir las emociones negativas relacionadas con el arrepentimiento al final de la vida.

¿Le das demasiada importancia al qué dirán?

Vivir de manera auténtica y fiel a nosotros mismos es clave para reducir el arrepentimiento más común de las mujeres al final de su vida. Ahora, no siempre es sencillo identificar si le estamos prestando demasiada atención a lo que dicen los demás. Unas preguntas que podrías hacerte para intentar determinarlo son las siguientes:

  • ¿Sueles cambiar tus planes y decisiones con base en lo que digan otros?
  • ¿Dejas de hacer hobbies y actividades que te gustan por temor a la crítica?
  • ¿Callas tu opinión con frecuencia para evitar conflictos?
  • ¿Te afectan en demasía los comentarios que recibes de los demás?

Si te sientes identificado con algunos de estos puntos, es posible que las opiniones ajenas tomen demasiada relevancia en tu día a día. En este caso, podrías evaluar replantearte tu manera de vivir, para reducir este arrepentimiento en el futuro y vivir una vida más plena.

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