El papelón de Abascal

A Trump se le ha ido la mano con los aranceles. Y a Abascal, con los aplausos
The post El papelón de Abascal first appeared on Hércules.  Lo malo de querer ser uña y carne de un político extranjero es que, cuando la lía, te toca salir a defender lo indefendible. Y si no, que se lo digan a Abascal.

Durante años, Vox ha construido un relato en el que Donald Trump era poco menos que un cruzado de la libertad, el héroe outsider que venía a devolverle la dignidad a Occidente frente al globalismo progre. Y claro, cuando Trump mencionaba a “Santiago Abascal” en sus mítines, el líder de Vox no podía ocultar el orgullo. No era para menos: por fin un referente internacional lo situaba en el mapa de la nueva derecha global. Tanto fue así, que compró el paquete entero: discurso, estética y hasta la gorra roja.

Pero ahora, toca pagar la factura emocional de esa admiración.

Trump ha anunciado una batería de aranceles que, de aplicarse, pueden perjudicar gravemente a la economía española. Un 25% a la industria automovilística global, un 20% a todos los productos de la Unión Europea. Y aunque todavía no sabemos si esto es fuego real o una jugada negociadora —Trump es famoso por empezar la partida desde el órdago, como ha hecho también con su surrealista amenaza de anexionar Canadá o Groenlandia—, lo cierto es que la amenaza ya está sobre la mesa.

Y en política, las amenazas también cuentan. Porque generan incertidumbre. Y porque obligan a posicionarse.

Ahí es donde Abascal se encuentra con el dilema que no esperaba. Si critica a Trump, reniega del mito que él mismo alimentó. Si calla, parece cómplice de una decisión que podría arruinar a miles de trabajadores españoles. Y si se hace el loco, que es lo que está intentando, se le nota demasiado. La gente no es tonta: si llevas años vendiendo la figura de Trump como guía moral y política, no puedes escaquearte justo cuando ese mismo Trump apunta con el dedo a tu país.

Claro que aún puede salir bien. Quizá sea todo una táctica negociadora, un farol para empezar fuerte y luego pactar. Trump ya ha usado ese estilo mil veces. No sería la primera vez que amenaza con una medida bestial solo para luego sentarse a negociar en términos más favorables para él. Lo ha hecho con China, con Europa, con la OTAN… Lo suyo es la política del show y la fuerza, no la diplomacia clásica.

Pero incluso si es solo un farol, el daño político para Abascal está hecho. Porque los españoles tienen memoria. Y si dentro de unos meses esos aranceles se convierten en barreras reales para nuestros productos, si nuestros agricultores, nuestras fábricas o nuestras exportaciones empiezan a sufrir… muchos se acordarán del entusiasmo con el que Abascal aplaudía cada palabra del hombre que hoy amenaza con empobrecernos.

Esto no va de estar a favor o en contra de Trump. Va de tener una política exterior seria, basada en intereses nacionales y no en simpatías ideológicas. Va de entender que no puedes hipotecar tu discurso a la figura de ningún líder extranjero, por muy carismático que te parezca. Porque los líderes pasan. Y los intereses permanecen.

Quizá Abascal aprenda la lección. O quizá prefiera seguir sonriendo en la foto con el que, si se confirman los aranceles, se habrá convertido en el primer presidente estadounidense en mucho tiempo que castiga de forma directa al bolsillo de los españoles.

Y eso, por mucho que duela decirlo, también tendrá consecuencias.

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