Hay días en los que todo parece alinearse en tu contra: un comentario que te descoloca, un error que no viste venir, un imprevisto que arruina tus planes. La sensación es inmediata. El cuerpo se tensa, la mente acelera, la emoción toma el mando. En ese instante, cuesta creer que haya margen de elección. La
The post Epicteto, filósofo estoico, “Lo que importa no es lo que te sucede, sino cómo reaccionas a ello” appeared first on Mejor con Salud. Hay días en los que todo parece alinearse en tu contra: un comentario que te descoloca, un error que no viste venir, un imprevisto que arruina tus planes. La sensación es inmediata. El cuerpo se tensa, la mente acelera, la emoción toma el mando. En ese instante, cuesta creer que haya margen de elección.
La frase atribuida a Epicteto —”Lo que importa no es lo que te sucede, sino cómo reaccionas a ello”— suele compartirse como consigna motivacional. Sin embargo, en el estoicismo no es un llamado ingenuo a “pensar positivo”, sino una distinción precisa: los hechos externos no siempre dependen de nosotros, pero la forma en que los interpretamos y respondemos sí puede entrenarse.
No controlas los hechos, pero sí tu respuesta
El punto central es distinguir entre lo que depende de nosotros y lo que no. No podemos evitar una crítica, el tráfico o un error inesperado en el trabajo. Lo que sí está en nuestras manos es la forma en que respondemos después del impacto.
Adoptar esta perspectiva no implica ignorar lo ocurrido, sino crear una pausa entre el estímulo y la acción. Ese margen permite elegir con mayor claridad. Respirar profundo, contar hasta diez o preguntarse “¿qué depende de mí ahora?” puede cambiar el rumbo del momento.
El reencuadre cognitivo es otra herramienta clave. No modifica el hecho, pero sí su significado. Una crítica puede interpretarse como ataque o como información útil. Un error puede leerse como incapacidad o como ajuste necesario. El hecho no cambia; la interpretación sí, y con ella la respuesta.
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La interpretación y los hábitos mentales influyen más de lo que crees
En conflictos cotidianos, la respuesta inicial suele estar marcada por hábitos mentales previos. Si alguien no responde un mensaje, podemos asumir desinterés, desprecio o simple distracción. Esa lectura inicial activa emociones distintas y conduce a conductas diferentes.
El diálogo interno también pesa. Frases como “siempre me pasa esto” o “no soy capaz” refuerzan un estado que limita la acción. Ajustar ese lenguaje no es autoengaño, sino precisión. Cambiar “siempre” por “esta vez” o “soy un desastre” por “cometí un error puntual” reduce la intensidad emocional y amplía el margen de respuesta.
La regulación emocional completa el proceso. Reconocer el enojo ante una injusticia es legítimo; actuar impulsivamente puede agravar la situación. La práctica consiste en identificar la emoción sin permitir que dirija por completo la conducta. En entornos laborales, familiares o sociales, esta habilidad influye directamente en el resultado de cada interacción.
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Reaccionar mejor no es reprimir ni cargar con todo
Es importante marcar un límite. La frase de Epicteto no implica que todo dependa de la actitud individual. Existen contextos, desigualdades y circunstancias externas que no se resuelven con autocontrol. Tampoco significa reprimir emociones legítimas bajo una capa de aparente serenidad.
Reaccionar mejor no es negar tristeza, frustración o enojo. Es permitir que aparezcan sin que definan por completo nuestras decisiones. Tampoco es asumir responsabilidad por acciones ajenas. El estoicismo no promueve pasividad ante lo injusto, sino claridad sobre dónde intervenir con mayor eficacia.
En situaciones de pérdida, enfermedad o conflicto estructural, la respuesta emocional no se “corrige” con fuerza de voluntad. Se procesa con tiempo, apoyo y recursos adecuados. La propuesta estoica funciona como entrenamiento cotidiano, no como solución universal para cualquier circunstancia.
Al final, la diferencia no está en evitar lo que ocurre. Los imprevistos seguirán apareciendo, las críticas existirán y los errores serán parte del camino. La clave está en construir una respuesta que, con el tiempo, sea más coherente con nuestros valores y más consciente. No podemos decidir cada evento, pero sí podemos decidir qué tipo de persona queremos ser cuando suceden.
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