El bicarbonato de sodio se ha convertido en el comodín de la limpieza doméstica. Aparece en trucos virales, listas de “soluciones naturales” y consejos que prometen resultados en casi cualquier superficie. Si bien es económico, accesible y útil en ciertos contextos, su popularidad ha reforzado la idea equivocada de que sirve para todo. En la
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En la práctica, este compuesto no desinfecta, no elimina depósitos minerales como la cal y puede dañar materiales sensibles como mármol, granito, aluminio, vidrio, espejos y superficies con acabados pulidos o lacados. Entender cuándo no funciona evita pérdidas de tiempo, malos resultados y el deterioro gradual de superficies que requieren un cuidado distinto.
1. No desinfecta: limpia, pero no elimina microorganismos
Uno de los errores más comunes es usar bicarbonato como sustituto de un desinfectante. Aunque ayuda a retirar suciedad visible y neutralizar olores, no elimina bacterias, virus ni hongos de forma fiable. Esto se debe a que no tiene una acción antimicrobiana significativa en las concentraciones domésticas habituales.
En zonas críticas como el inodoro, el fregadero o las superficies donde se manipulan alimentos, confiar solo en bicarbonato da una falsa sensación de limpieza. Puede mejorar el aspecto, pero no garantiza una higiene real. En estos casos, los desinfectantes específicos o el alcohol son más adecuados.
2. No elimina cal ni sarro: no disuelve los depósitos minerales
La cal y el sarro son depósitos minerales alcalinos, principalmente carbonato de calcio. El bicarbonato también es alcalino, por lo que no tiene la capacidad química de disolverlos. Aplicarlo sobre manchas blancas en grifos, duchas o la taza del inodoro rara vez produce cambios reales.
Para eliminar estos residuos, se necesita un ácido suave, como el ácido cítrico o el vinagre. Estos sí reaccionan con la cal y la disuelven. El bicarbonato, en cambio, puede ayudar a frotar ligeramente, pero no resuelve el problema desde el punto de vista químico.
3. Puede dañar piedra natural como mármol o granito
El bicarbonato tiene una textura ligeramente abrasiva que puede afectar materiales delicados como mármol, granito o piedra natural, especialmente si se usa con frecuencia o se frota con presión.
Con el tiempo, esta fricción puede opacar el acabado y alterar el sellado protector de la superficie. El resultado no es inmediato, pero el uso repetido reduce el brillo y facilita la absorción de manchas. Estas superficies requieren limpiadores neutros diseñados específicamente para preservar su integridad.
4. No es buena idea en aluminio, vidrio y acabados delicados
En aluminio, el bicarbonato puede provocar decoloración o dejar residuos opacos difíciles de retirar. Este metal es químicamente reactivo, y los limpiadores alcalinos no son la mejor opción para conservar su aspecto original.
En vidrio y espejos, el problema es distinto: el bicarbonato no se disuelve completamente y puede dejar microarañazos o una película opaca. Esto reduce la transparencia y el brillo, especialmente en superficies que reflejan la luz. Los limpiadores líquidos específicos o una solución suave con paño adecuado funcionan mejor.
También puede afectar acabados delicados, como superficies lacadas o pulidas, donde la abrasión, aunque leve, es suficiente para alterar el acabado con el tiempo.
5. No es una solución fiable para atascos ni funciona mejor con vinagre
El truco de usar bicarbonato con vinagre para destapar tuberías es uno de los más populares. La mezcla produce burbujas visibles, pero ese efecto es principalmente mecánico y breve. Desde el punto de vista químico, ambos se neutralizan y forman agua, dióxido de carbono y una sal, perdiendo la mayor parte de su capacidad de limpieza.
Esto significa que el resultado es limitado, especialmente en atascos reales causados por grasa, cabello o residuos acumulados. Puede ayudar en obstrucciones muy leves, pero no es una solución fiable. En esos casos, los métodos mecánicos o productos diseñados para disolver grasa son más eficaces.
El bicarbonato sigue siendo útil, pero no como respuesta automática para todo. Funciona bien para neutralizar olores, limpiar suciedad superficial o como abrasivo suave en superficies resistentes. Sin embargo, entender sus límites permite usarlo con criterio y elegir la herramienta adecuada en cada situación.
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