El alto coste de los viajes de Oscar Puente y su equipo a Abu Dabi

El vuelo de Puente y seis acompañantes tuvo un coste medio de más de 7.500 euros por persona, mientras que la estancia y manutención fueron considerablemente más económicas
The post El alto coste de los viajes de Oscar Puente y su equipo a Abu Dabi first appeared on Hércules.  El Ministerio de Transportes ha revelado que el desplazamiento del ministro Óscar Puente y su equipo a Abu Dabi costó 53.123,96 euros solo en billetes de avión, según información obtenida por THE OBJECTIVE a través del Portal de Transparencia. Este viaje, realizado entre el 4 y 8 de octubre de 2023, tenía como finalidad la asistencia a una feria internacional de transporte e infraestructuras ferroviarias.

Un vuelo con un precio difícil de justificar

En contraste, otros gastos del viaje fueron relativamente más modestos. El alojamiento de la comitiva en Abu Dabi ascendió a 4.450,64 euros, mientras que la manutención quedó en 1.712,34 euros. La utilización de la sala de autoridades en el aeropuerto, en cambio, tuvo un coste de 1.107,28 euros. En abril de 2024, su viaje a Bruselas tuvo un coste de 11.538 euros, de los cuales 9.275 euros fueron exclusivamente en transporte. A Dublín, en otro viaje en abril, se destinaron 11.114 euros, incluyendo 7.241 euros en vuelos para una visita de apenas unas horas a Ryanair. En junio, el ministro viajó a Luxemburgo, con un coste total de 9.261 euros, donde el alojamiento de la delegación ascendió a 500 euros por persona y noche.

Comparaciones con otros ministros

El gasto de Puente en desplazamientos se compara con el de otros miembros del Gobierno, algunos de los cuales han sido criticados por cifras similares. Yolanda Díaz, por ejemplo, gastó 44.117 euros en seis viajes fuera de Europa, mientras que Irene Montero realizó un viaje oficial de 39.184 euros a Chile poco antes de dejar el cargo. José Luis Ábalos, cuando era ministro de Fomento, superó los 44.000 euros en una visita de tres días a México.

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Zapatero carga contra la derecha y desmonta el relato del ‘sanchismo’

“No nos pueden afectar ni los bulos ni las descalificaciones, porque ese es su objetivo”. Con esta frase, José Luis Rodríguez Zapatero habla de la estrategia de la derecha y la ultraderecha basada en la desinformación y los ataques personales.
The post Zapatero carga contra la derecha y desmonta el relato del ‘sanchismo’ first appeared on Hércules.  El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero arremete contra la estrategia política de la derecha en España, durante su intervención en el XV Congreso Regional del PSOE-M. En un acto junto a Óscar López, secretario general de los socialistas madrileños, el exmandatario ha denunciado la desinformación como herramienta de desgaste político y ha defendido la democracia como la mejor vía para frenar el avance reaccionario.

El expresidente también ha llamado a no ceder ante las campañas de desinformación y a combatir los bulos con hechos y políticas tangibles. «No nos pueden afectar ni los bulos ni las descalificaciones, porque ese es su objetivo», ha advertido. Ha señalado que la derecha ha invertido su energía en atacar el núcleo del PSOE en lugar de presentar una alternativa real de gobierno.

Más allá del panorama político español, Zapatero ha ampliado su crítica al contexto internacional, mencionando a figuras como Donald Trump y Elon Musk como ejemplos de líderes que promueven un modelo de acumulación de riqueza cada vez más excluyente. Ha destacado cómo estos actores políticos y económicos impulsan una agenda que margina a los más vulnerables, poniendo como ejemplo la retórica antiinmigración de Musk y la estrategia expansionista de Trump. «Es triste que los más ricos del mundo se dediquen a despreciar a los más pobres», ha lamentado.

Zapatero ha reivindicado la democracia como herramienta esencial para frenar a la derecha , insistiendo en que los derechos conquistados deben ser defendidos con firmeza. Ha alertado sobre la reacción conservadora frente a la Agenda 2030 y otros proyectos de avance social, argumentando que la resistencia al progreso siempre ha existido y que la lucha debe continuar.

En el ámbito nacional, el expresidente ha señalado la incoherencia del Partido Popular tras su inesperado apoyo al decreto social pactado entre el PSOE y Junts, luego de haberlo rechazado inicialmente. Ha visto en este giro una muestra de la falta de rumbo del PP y de la dificultad de su líder, Alberto Núñez Feijóo, para mantener una posición firme.

Por su parte, Óscar López ha reafirmado su compromiso con la regeneración del PSOE madrileño y su objetivo de arrebatar la presidencia de la Comunidad de Madrid a Isabel Díaz Ayuso en 2027. Ha centrado su discurso en la sanidad y la situación de las residencias, dos de los puntos más críticos de la gestión del gobierno regional. López ha defendido la necesidad de una inversión pública decidida y ha subrayado que el PSOE-M luchará por garantizar la dignidad de los ciudadanos madrileños.

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​“María de las Mercedes se instalaba siempre en la misma suite. Se sentía como en su casa”: La fascinante historia del hotel Alfonso XIII 

 En su casi siglo de vida, el hotel Alfonso XIII ha acogido a lo más granado de la sociedad. De Diana de Gales a Audrey Hepburn, pasando por Shakira. Su director nos cuenta las últimas novedades. 

​En su casi siglo de vida, el hotel Alfonso XIII ha acogido a lo más granado de la sociedad. De Diana de Gales a Audrey Hepburn, pasando por Shakira. Su director nos cuenta las últimas novedades. 

​Hugh Grant: “A veces quienes acaban de ver una de mis películas me preguntan: ‘¿Le importa que sea sincero?’. Pues sí» 

 El intérprete británico ha vuelto a la actualidad tras su reciente papel protagonista en la película Heretic y hace gala de su particular sentido del humor al responder este cuestionario. 

​El intérprete británico ha vuelto a la actualidad tras su reciente papel protagonista en la película Heretic y hace gala de su particular sentido del humor al responder este cuestionario. 

​Los Oscar en el fango: cómo la carrera por la estatuilla se ha convertido en una triste fuente de polémica 

 Los tuits racistas de Karla Sofía Gascón se unen a la larga lista de controversias que ha salpicado a la presente campaña de los Oscar, una de las más embarradas que se recuerdan. 

​Los tuits racistas de Karla Sofía Gascón se unen a la larga lista de controversias que ha salpicado a la presente campaña de los Oscar, una de las más embarradas que se recuerdan. 

Cesarismo romano y Despotismo democrático

Asesinato de Julio César Una de las preguntas más recurrentes en la Historia del pensamiento político es la siguiente: «¿El gobierno más justo encuentra sus fundamentos en los hombres o en las leyes?». Esta cuestión responde a un interrogante de calado aún más hondo: «¿Qué caracteriza al buen gobierno?». El más famoso legislador de Atenas,
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Una de las preguntas más recurrentes en la Historia del pensamiento político es la siguiente: «¿El gobierno más justo encuentra sus fundamentos en los hombres o en las leyes?». Esta cuestión responde a un interrogante de calado aún más hondo: «¿Qué caracteriza al buen gobierno?». El más famoso legislador de Atenas, Solón, puso un nombre a dicho ideal: es la célebre «eunomía». Para los autores clásicos, tales como Platón o Aristóteles, la preeminencia política de las leyes sobre los gobernantes resulta evidente; y Píndaro concluyó que las leyes son reinas de todas las cosas, tanto las terrenas como las divinas, señalando así el verdadero vínculo trascendente que respalda siempre al buen gobierno.

En la Edad Media, cima de la civilización católica, esta idea de que el gobernante no puede transgredir los límites establecidos de un poder superior que encarna en el gobierno a través de las leyes seguía intacta con respecto al período clásico de la Historia occidental. Como es sabido desde la Política aristotélica en adelante, las tres formas clásicas de gobierno desembocan, antes o después, en sus reversos naturales: la monarquía se convierte en tiranía, la aristocracia en oligarquía y la democracia en oclocracia; y también el gobierno de las leyes degeneró, con el primer berrido de la Modernidad, en un constitucionalismo férreo donde el Estado ya no ejerce el poder sub lege («sometido a la ley»), sino per leges («constituido en normas»).

Nadie supo ver esto último como Alexis de Tocqueville: «Imaginemos bajo qué aspectos nuevos podría producirse en el mundo el despotismo: veo una innumerable multitud de hombres semejantes e iguales que no hacen más que girar sobre sí mismos para procurarse pequeños y vulgares placeres con los que saciar su espíritu… Por encima de estos se yergue un poder inmenso y tutelar, que se encarga por sí solo de asegurarse el goce de los bienes y de velar por su suerte. Es absoluto, minucioso, sistemático, previsor y bondadoso» (La democracia en América, Tomo II, 1840). Se trata de un fenómeno nuevo en la Historia: un despotismo puramente moderno que los occidentales padecemos, con ligeras variaciones, desde el siglo XIX hasta la actualidad.

El propio origen político de los Estados Unidos, fechado el 4 de julio de 1776, buscó fundamentar sus principios en el imperio de la ley, a imitación del modelo clásico romano en el que buscaban mirarse. Según esta concepción, como venimos señalando, el hombre individual o los hombres tomados como conjunto son destacados en favor de la fría abstracción de una Constitución refrendada en las gélidas cifras manejadas por estadistas. El problema innato existente en toda cosmovisión protestante para con la realidad, ya desde los tiempos de Martin Lutero, es resuelto de la siguiente manera: los documentos constitucionales del Estado son elevados a la categoría de Sagradas Escrituras a la hora de gestionar la política; y, en la práctica, la Constitución demuestra estar situada incluso por encima de la propia ley.

Al momento de fundarse, los Estados Unidos de América demostraron ser una anomalía política en el conjunto de Occidente; hoy, en cambio, los europeos podemos afirmar con conocimiento de causa que la política y la legalidad también se han unido inextricablemente en Europa, implicando la aplicación del modelo romano al mundo moderno, como supo ver Guglielmo Ferrero: «También en el Nuevo Mundo habremos de ver una sociedad regulada por Instituciones electivas y autoritarias que se transforman en burocracia y que, al mismo tiempo, encadenan a todas las ramas de los poderes políticos y administrativos con los fuertes vínculos de unos rígidos principios jurídicos» (Grandeza y decadencia de Roma, 1902-7).

Junto a Ferrero, otros importantes pensadores como Norberto Bobbio o Amaury de Riencourt coincidieron en señalar estas semejanzas entre el mundo romano y el mundo norteamericano, que ahora resuenan especialmente por las maneras cesaristas que Elon Musk y demás tecnócratas reclaman para sí en el marco del nuevo gobierno de Donald Trump. Los primeros coletazos de este mal puramente paródico, maligno hay que buscarlos en la rule of law que pasó de Gran Bretaña a los estados continentales y que, más tarde, se vio potenciada por el componente clave de la cosmovisión puritana, presente en los Padres Fundadores.

Una de las grandes consecuencias de este enaltecimiento de la Constitución en detrimento de la ley es la siguiente: se desvincula al representante elegido de los intereses de sus electores: hecho inédito, al menos hasta la época de las revoluciones norteamericana y francesa. A partir de ese momento se puso en marcha una política de inspiración «gnóstica», que separa claramente el gobierno del poder público de sus intereses privados, reduciendo así el antiguo ágora de la Atenas de Pericles a un teatro del Simulacro, ritual visible detrás de la cual se esconde una dimensión invisible.

Para el tirano no existe diferencia entre lo público y lo privado: entiende el Estado como cuestión personal. En El caso Wagner (1888), el mayor poeta y profeta de la filosofía, Friedrich Nietzsche, se refirió a esta particularidad de la democracia moderna, al tildar a este novus ordo constitucionalista como «teatrocracia», término coincidente con la idea de «despotismo democrático» acuñada por Tocqueville. Carl Schmitt abundó en esto: «Representar implica hacer visible y hacer presente a un ser invisible mediante un ser públicamente presente. La dialéctica del concepto está en que lo invisible se presupone como ausente y, a la vez, hecho presente» (Teoría de la Constitución, 1928).

La seguridad pública, el anuncio de un peligro externo del que el político debe salvaguardar al ciudadano, es siempre la mejor excusa para justificar y acrecentar la dimensión de este teatro publicitario en el que el constitucionalismo moderno convierte a la representación. La excepcionalidad, esa «movilización total» de la que hablara Ernst Jünger, es la principal medida esgrimida por el Dictador romano para rescindir la acción política del Senado; en el presente, cuando la limitación temporal de esta medida en su sentido original ha sido vocacionalmente olvidada, podemos decir que vivimos en una «dictadura perpetua» al más puro estilo romano (y norteamericano)… Algo que, bajo el segundo mandato de Donald Trump, con el inestimable apoyo del tecnócrata mayor del reino, Elon Musk, amenaza con agravarse de forma exponencial.

La naturaleza de la ley es esencial a la hora de distinguir la democracia de la tiranía, el gobierno de la ley del constitucionalismo: la Monarquía clásica siempre es sub lege, al menos hasta que desemboca en tiranía, como acertadamente señalaron los grandes clásicos del pensamiento político moderno; mientras que la democracia constitucional, con su concepción per leges, degenera fácilmente en una forma demagógica de enmascarar la tiranía por medio de la publicidad y, añadiríamos, las variadas formas de espectáculo que ofrece la técnica en nuestros días. Peter Thiel o Vivek Ramaswamy, hoy en el poder gracias a la coalición de las Big Tech, pretenden fusionar ese viejo ideal autócrata con las nuevas posibilidades tecnológicas, certificando la desaparición de la libertad colectiva, como rasgo esencial de la condición humana, en el proceso de fusionar al homo sapiens con la máquina.

El cesarismo romano aparece como actualización del régimen político propio de los faraones egipcios. Tanto el «identitarismo WOKE» (Judith Butler) como el «identitarismo libertario» (Curtis Yarvin) se han sintetizado, tras una falsa dicotomía entre «iluminismo universalista» e «ilustración oscura», para mejor garantizar un Estado policial jerarquizado, primer pilar para el IV Reich, en un país gestionado por criterios de eficiencia y donde la «seguridad ciudadana», en forma de deportaciones e hipervigilancia, se presenta como una medida excepcional (permanente) para atajar el caos social. El resultado es una monarquía transhumanista, de clara inspiración «arqueofuturista», que llevaría el cesarismo a una dimensión totalmente insólita.

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La piratería otomana y la Monarquía Hispánica. El combate en los mares

Los mayores enemigos de la Monarquía católica en la mar
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El estado de las fuerzas de la Monarquía Hispánica en costas y puertos

En la década de 1480 las órdenes militares asentadas en el mar Mediterráneo fueron algunas de las principales líneas defensivas ante los piratas otomanos o berberiscos. Los caballeros de la Orden de San Juan, por ejemplo, asentados en Malta años después en el 1500, se habían enfrentado a estos en numerosas ocasiones. Los atacantes al servicio de la península de Anatolia tenían sus bases en el norte africano, de este modo accedían con gran facilidad a las costas hispanas e italianas, además de a las islas de Córcega, Sicilia, Chipre y Malta.

Jorge Prada Rodríguez, historiador y especialista en historia naval, afirma “el problema de la piratería berberisca y/o otomana es algo que en la Edad Moderna está presente desde sus inicios”. Además, incide en que “este problema causó importantes estragos en las ciudades costeras españolas hasta el punto que se emprendieron acciones de conquista contra los enclaves norteafricanos”.

En esta línea Guillermo Nicieza Forcelledo, autor de “Leones del mar. La Real Armada española en el siglo XVIII” (2022) y “Anclas y bayonetas” (2023), añade: “el final del reinado de los Reyes Católicos coincidió con un importante desarrollo naval debido a que Castilla y Aragón se sumaron a la guerra contra el Turco en el Mediterráneo por intermediación del papa Alejandro VI y en ayuda a Venecia, que acababa de ser derrotada en las batallas navales de Zonchio y Modona. No es casualidad que poco después Gonzalo Fernández de Córdoba con cerca de 10.000 hombres llevara una acción anfibia sobre Cefalonia y tomara la plaza a los turcos”.

La Monarquía procedió, entonces, a la disminución de las fuerzas a caballo y un claro predominio del combate entre infantes y peones a pie en tierra y mar. En esta línea, se fomentaron las armas de fuego como el arcabuz, también la artillería y la uniformidad, que también fueron empleadas en alta mar, atendiendo así al Renacimiento de la ciencia militar y los ejércitos a inicios de la Edad Moderna.

Estrategia defensiva

La Monarquía Hispánica de Carlos V empleó tres estrategias para frenar a estos “bárbaros”. La primera fue el desembarco por tierra y el uso de ataques con artillería e infantería, tal y como se dio en Túnez (1535) y Argel (1541). La segunda y la tercera opción fue la formación de una liga santa en 1538 con el Papado y Venecia, además del empleo de fortalezas costeras. En esta línea, la cesión de Malta por parte de Carlos a la Orden de San Juan tenía por objeto la estructuración de una plaza que, bajo la administración de estos militares, pusiera freno a los avances islámicos. Asimismo, la orden disponía de una patente de corso para atacar a las fuerzas navales otomanas y piratas cuando fuera necesario.

La estrategia naval española también se centró en “Cerdeña, Sicilia y más tarde Nápoles, (explica Guillermo Nicieza) donde se formaron escuadras provinciales bajo las órdenes de los virreyes españoles de turno. Con la expulsión de los franceses de Italia, estas escuadras participaron activamente en la lucha contra el Turco y en los golpes de mano sobre las costas norteafricanas, centros de importante influencia corsaria otomana. En las operaciones navales de Italia destacaron los marinos Juan López de Lezcano, Bernardo de Vilamarí y Pedro Navarro, este último inventor de la mina de asedio terrestre”.

Desde 1541, con la derrota de Argel, se optó por una estrategia defensiva o estática. Sin embargo, ya se habían dado otras capitulaciones frente a las fuerzas musulmanas. Castelnuovo, en el actual Montenegro, supuso una pérdida territorial en 1539 que ofreció al Imperio otomano una entrada por mar a los Balcanes. El almirante Barbarroja fue otro de los grandes inconvenientes para la estabilidad del Sacro Imperio y la Monarquía Católica en el Mediterráneo.

A pesar de todos los esfuerzos, la piratería no desapareció y, de hecho, marcó gran parte de los enfrentamientos navales durante el gobierno de los Austrias. Véase el caso del corsario Dragut, o Turgut Reis, quien atacó las islas de Elba y Córcega; más tarde ofreció al sultán Solimán miles de hombres para atacar Malta en 1565.

Guillermo Nicieza estima que el conflicto continuo con los piratas berberiscos “duró hasta el bombardeo de Argel de 1784, los años de mayor actividad fueron entre mediados y finales del siglo XVI, coincidiendo con la hegemonía naval otomana en el Mediterráneo occidental. No hay que olvidar que los estados de Berbería actuaban como provincias independientes pero bajo soberanía de la Sublime Puerta. De hecho, los principales almirantes otomanos ejercían de beys (gobernadores) de estas provincias. Así, la defensa de Malta y Lepanto supusieron un punto de inflexión de la influencia militar turca en aguas europeas, si bien tenemos que llegar hasta principios del siglo XVII, con batallas como el cabo Corvo y cabo Celidonia donde las escuadras españolas llegaron hasta el Mediterráneo oriental. Durante el siglo XVIII se siguieron dando combates y acciones en el Mediterráneo, donde destacó Antonio Barceló con sus jabeques, pero el asunto quedó más o menos pacificado con las reconquistas de Orán y Mazalquivir de 1732”.

Las embarcaciones

Se decidió invertir en la mejora de las fuerzas navales que superasen los navíos de época de los Reyes Católicos los cuales eran “muy costosos y de poco provecho en invierno”. En primer lugar, se mejoró e incrementó el número de galeras. Ahora tenían la capacidad de llevar piezas artilleras de gran calibre. También tenían un uso civil para el comercio, por lo que las grandes familias podían alquilarlas a los monarcas y viceversa.

Por su parte, la carabela de estilo “latino”, heredera de las tradicionales de la década de 1490, supuso un gran avance. Transportaban consigo una tripulación de 60 infantes, además de bocas de fuego. Su gran desventaja frente a las galeras fue la ausencia de remos, a pesar de ello, en caso de tener el viento a su favor, eran más rápidas y ligeras. Muchos de estos navíos se fabricaron en las costas catalanas. Asimismo, en lo que se refiere al ámbito tecnológico, se aplicaron nuevos forrajes interiores en las embarcaciones, planchas de plomo, nuevos tipos de betunes, sacos de lana, etc.

Modelo de un galeón de la época

Aunque entre los reinados de Carlos V y Felipe II, Guillermo Nicieza concluye que “el buque estrella de la época imperial fue el galeón, y aunque hay controversia, ya que de un lado parece proceder de las naos tardomedievales, por otro también viene de la galera, ya que los primeros también llevaban remos. Precisamente, estos galeones agalerados fueron invención de Álvaro de Bazán, el Viejo, que llegó a obtener del emperador Carlos V una concesión para su fabricación en la costa de Vizcaya, además de otras prebendas durante más de una década. Se estima que se desarrollaron entre 1544 y 1547, hasta que en 1550 Bazán los patentó en Valladolid”.

¿Qué nos queda por destacar?

Al consultar a ambos expertos, sobre lo más destacable de la guerra naval y sus embarcaciones en su lucha contra el Turco y los berberiscos del 1500, obtenemos las siguientes respuestas.

Guillermo Nicieza concluye que la “guerra naval del siglo XVI supuso un importante punto de inflexión en lo que corresponde al combate naval, los primeros combates se parecieron mucho a los medievales, de forma que se combatía al cuerpo a cuerpo sobre las cubiertas, como siguió pasando en las galeras, pero también comenzó a proliferar la artillería naval, y eso marcó un cambio de paradigma a la hora de hacer la guerra en el mar. El establecimiento del galeón como nave estándar polivalente también permitió desarrollar el comercio con ultramar, llevar a cabo expediciones de exploración más ambiciosas y lanzar operaciones militares de mayor tamaño. Las escuadras crecen en número de hombres y naves, y podemos hablar de verdaderas armadas de guerra. Por ejemplo, en la batalla de Lepanto participaron cerca de 600 naves y 170.000 hombres”.

Por otro lado, Jorge Prada destaca “el protagonismo que todavía mantiene la galera, predominando un tipo de combate donde el enfrentamiento al abordaje y al cuerpo a cuerpo siguió teniendo importancia y así lo vemos en una destacada batalla del siglo, Lepanto, donde la Monarquía Hispánica y sus aliados derrotaron a los otomanos”.

Para todos aquellos interesados en la materia y seguir ampliando conocimiento, Jorge Prada ha organizado el Seminario Internacional “La Real Armada en el largo Siglo XVIII: Reconstrucción, evolución y proyección”, que tendrá lugar el 13 de febrero de 2025 en formato online con autores de la talla de Agustín Guimerá Ravina, Sabrina Guerra Moscovo o Cristina Roda Alcantud.

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El circo de Emilia Pérez

Este año, la promoción de «Emilia Pérez» ha revelado no solo la falta de talento cinematográfico, sino también un vergonzoso espectáculo de declaraciones elitistas, volteretas ideológicas y acusaciones sin fundamento
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El Espectáculo de la Hipocresía Progresista en los Premios Oscar

Los Oscar de este año no solo son una celebración del cine, sino un desfile de la hipocresía progresista disfrazada de «inclusión» y «diversidad». La película «Emilia Pérez» ha desatado un vendaval de críticas no solo por su cuestionable calidad, sino por el comportamiento de sus creadores y protagonistas, que han convertido la promoción de su obra en un circo de declaraciones ofensivas y volteretas ideológicas.

El Fracaso Taquillero en México

La película Emilia Pérez, como era de esperarse, no gustó en México y la gente le está pidiendo a los cines que le devuelvan su dinero. Le contamos en este video. https://t.co/if1kX8qDUN pic.twitter.com/pVelw99pOT

— Revista Semana (@RevistaSemana) January 30, 2025

El Director «Elitista»

Comencemos con Jacques Audiard, el director francés que parece haber olvidado su país de origen, donde la arrogancia es elevada a arte. Este tipo, con su acento galo, ha tenido la audacia de declarar que el español es una «lengua de pobres», como si el francés, con su larga historia de colonialismo, fuera el epítome de la sofisticación. ¿Qué pasa, Jacques? ¿Te sientes superior porque tu lengua es la de los «afortunados» que colonizaron África?

Jacques Audiard in an interview in France: «Spanish is a language of modest countries, developing countries, of poor people and migrants.»

Fuck this guy.
pic.twitter.com/sJuBSI1RQ3

— The Other Hawkeye (@AvengingCoffee) January 29, 2025

¿Este señor no sabe que el país más pobre de sudamérica es Haití, y se habla francés?

Karla Sofía Gascón: manía persecutoria, twits del pasado y victimización

Gascón, en un acto de suprema ironía, acusa al equipo de Fernanda Torres (nominada al oscar a mejor actriz por I’m Still Here) de difamarla y de orquestar una campaña de odio contra «Emilia Pérez». ¡Qué hipocresía! La misma persona que lleva escupiendo veneno en entrevistas ahora se presenta como la víctima.

Karla Sofia Gascón has violated the Academy’s Oscar rules by accusing nominee Fernanda Torres’ team of spreading hate against her and the cast of Emilia Perez during a Brazilian interview.

“Any public communication by anyone associated with an eligible film attempting to cast… pic.twitter.com/J0f9GU0EZu

— 21 (@21metgala) January 29, 2025

Pero, claro, sus acusaciones carecen de fundamento, el equipo de I’m Still Here no tiene presencia en redes sociales, solo existe un perfil de la propia actriz, Fernanda Torres, que en un gesto de verdadera clase, ha defendido a Gascón públicamente y ha pedido respeto y tolerancia. Sin embargo, Gascón, con su incontinencia verbal y su tendencia a culpar a otros de sus propios errores, ha creado una tormenta mediática que podría costarle su nominación, si es que la Academia decide aplicar sus propias reglas.

Normas de la academia

Karla Sofía Gascón ha tenido la osadía de comparar las críticas a «Emilia Pérez» con el Holocausto. Sí, han leído bien. En un acto de insensibilidad y falta de perspectiva histórica, Gascón ha equiparado el rechazo legítimo hacia una película con uno de los episodios más oscuros y trágicos de la humanidad. Esta comparación ha generado una ola de indignación y ha dejado claro que, para algunos, no hay línea que no se pueda cruzar en la defensa de su ego artístico.

Pero si algo se está comentando en las últimas horas, es la conversión ideológica de Karla Sofía, pues han salido a la luz numerosos twits del pasado. Hace apenas unos años, esta mujer habría votado a Trump sin pestañear, pero ahora, en su búsqueda de validación por parte de Hollywood, se ha convertido en la sacerdotisa del progresismo. Sus tweets de antaño son una mina de oro para cualquier conservador: críticas acerbas contra los musulmanes, comentarios despectivos sobre George Floyd y ataques directos a la diversidad y equidad en los Oscar. Si quieren reirse un rato, abran el hilo a continuación.

Musulmanes, George Floyd, «moros», apoyo a Hitler (._. )’ pic.twitter.com/lg9YRy1xT3

— La Niña Tortuga (@lagartijapa) February 1, 2025

Pero, ay, ahora que se ha subido al carro de la «justicia social», cualquier crítica hacia su película o su persona es etiquetada como «discurso de odio» o «transfobia«. Es increíble ver cómo la incontinencia verbal de Gascón ha pasado de ser una muestra de franqueza a un síntoma de oportunismo político.

#EnDirecto | Karla Sofía Gascón carga contra los «fascistas de última generación» que se apoderan de las instituciones en muchos países: «No entiendo cómo podemos seguir así en el mundo, retrocediendo constantemente y cometiendo los mismos errores» pic.twitter.com/UGRqkzby94

— Europa Press (@europapress) January 24, 2025

La Farsa de Selena Gómez

No podemos olvidar a Selena Gómez, la cantante y actriz que ha decidido añadir su granito de arena al melodrama. Llora por Trump, como si fuera la única en el mundo que ha sufrido por la política. El victimismo es su mejor arma, porque, claro, si no lloras y te victimizas, no eres un verdadero progresista.

Selena Gomez just posted a video crying about deportations, but deleted it after outrage from fans…. pic.twitter.com/xRTO8x4ND5

— End Wokeness (@EndWokeness) January 27, 2025

Emilia Pérez: un circo sin nadie al volante

Lo más irónico de todo esto es cómo la izquierda progresista se come sus propias palabras. Karla Sofía Gascón, que ahora se presenta como una defensora de los derechos humanos, antes escupía opiniones que harían sonrojar a cualquier conservador. Pero en Hollywood, la memoria es corta, y la conveniencia política es larga.

Este año, los Oscar no solo nos han ofrecido una selección de películas, sino un espectáculo de cómo el progresismo puede ser manipulado a conveniencia. Hemos visto cómo se puede cambiar de opinión tan rápido como se cambia de atuendo en una alfombra roja, y cómo la hipocresía se disfraza de activismo. Desde directores que menosprecian lenguas a actrices que se transforman en activistas por conveniencia, la industria del cine ha demostrado su habilidad para el teatro, tanto en la pantalla como fuera de ella.

El caso de «Emilia Pérez» es un recordatorio de cómo la búsqueda de premios y reconocimiento puede llevar a individuos y producciones a contradecirse, a caer en el elitismo, y a ignorar el respeto hacia las culturas y personas que pretenden representar. El fracaso en taquilla en México es un testimonio palpable de que el público no siempre compra el marketing de la «inclusión» cuando la sustancia no está a la altura de la retórica.

Mientras esperamos la ceremonia, no olvidemos que detrás de cada nominación y cada discurso hay una montaña de contradicciones y oportunismo. Los Oscar, que deberían celebrar el arte cinematográfico, se han convertido en una plataforma para exhibir la lucha por la relevancia y la aprobación en un mundo donde las apariencias importan más que la autenticidad. Así que, siéntense, disfruten del show, y recuerden: en Hollywood, la hipocresía viene con nominaciones, y las verdaderas intenciones se revelan bajo la luz de las cámaras de los paparazzi. ¡Bravo por el espectáculo, aunque sea uno de risa!

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