Malos olores en el lavavajillas: cómo limpiar el filtro en 5 pasos y que no vuelva a ocurrir

Abres la puerta del lavavajillas esperando encontrar tu vajilla limpia, pero te recibe una ráfaga de olor a humedad y comida estancada. Este es un problema común que en la mayoría de los casos no requiere de una visita del técnico. En realidad, el culpable suele ser el filtro, una pieza olvidada que debe limpiarse
The post Malos olores en el lavavajillas: cómo limpiar el filtro en 5 pasos y que no vuelva a ocurrir appeared first on Mejor con Salud.  Abres la puerta del lavavajillas esperando encontrar tu vajilla limpia, pero te recibe una ráfaga de olor a humedad y comida estancada. Este es un problema común que en la mayoría de los casos no requiere de una visita del técnico. En realidad, el culpable suele ser el filtro, una pieza olvidada que debe limpiarse de forma periódica.

La función del filtro es atrapar los restos de comida. Por eso, si no se limpia con regularidad, se convierte en un nido de bacterias que generan el mal olor. Y, si lo mantienes sucio, el mal olor volverá una y otra vez. Sigue estos pasos para dejarlo impecable en pocos minutos.

1. Localiza y extrae el filtro

Vacía la rejilla inferior del lavavajillas. El filtro se encuentra en la base, debajo del brazo aspersor. La mayoría posee un cilindro central y una malla plana. Para extraerlo, por lo general, solo tienes que girar el cilindro en sentido contrario a las agujas del reloj y tirar hacia arriba.

Si tienes dudas, consulta el manual de tu fabricante.

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2. Enjuaga los restos más grandes

Lleva las piezas del filtro al fregadero. Desecha los residuos sólidos en la basura y luego enjuaga a fondo ambas partes bajo un chorro de agua caliente para eliminar la película grasienta superficial.

3. Remoja y cepilla para una limpieza profunda

Deja el filtro en remojo durante unos minutos en agua caliente con un poco de jabón de platos. Luego, usa un cepillo de cerdas suaves (como un cepillo de dientes viejo) para frotar delicadamente toda la superficie, prestando especial atención a la malla fina.

No uses estropajos metálicos ni cepillos abrasivos que puedan dañar la malla.

4. Limpia el hueco del filtro

Mientras el filtro está fuera, pasa un paño húmedo o una esponja por el hueco donde se asienta en el lavavajillas. Es habitual que se acumule suciedad en esa zona.

5. Vuelve a colocar el filtro

Una vez que las piezas estén limpias, vuelve a montarlas y colócalas en su sitio. Enrosca el cilindro hasta que sientas que queda firme. Esto es importante porque un filtro mal colocado es casi como no tenerlo, y podría permitir que los restos de comida causen una avería grave en la bomba.

Un apunte importante a tener en cuenta

  • ¿Cada cuánto debes limpiar el filtro?: la frecuencia depende del uso. Si usas el lavavajillas a diario y no enjuagas mucho los platos, es recomendable revisarlo cada dos semanas. Si lo usas menos, una vez al mes suele ser suficiente.
  • ¿Todos los lavavajillas tienen filtro extraíble?: la gran mayoría de los modelos modernos sí. Sin embargo, algunos modelos más antiguos o de diseño diferente pueden tener sistemas de autolimpieza o filtros no accesibles. Consulta siempre el manual de tu electrodoméstico para asegurarte.
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Cómo evitar que el mal olor regrese

Para evitar que vuelva el mal olor, debes realizar un ciclo de limpieza profundo de forma periódica. Además de limpiar el filtro cada cierto tiempo, cada uno o dos meses puedes hacer un lavado en vacío con un poco de vinagre blanco en un recipiente en la rejilla superior.

Otro consejo a tener en cuenta es, asegurarte de retirar los restos grandes de comida de los platos antes de cargar el lavavajillas. De esa forma, ayudarás a que no se acumule suciedad en el filtro.

Con este mantenimiento general de pocos minutos garantizas el buen funcionamiento de tu lavavajillas. Por eso, no esperes a que huela mal. Abre tu lavavajillas, localiza el filtro y límpialo a fondo.

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​Sarah Paulson, sobre Pedro Pascal: “Cuando él no tenía dinero para comer, yo estuve ahí. Ahora es él quien me paga las cenas» 

 En una reciente entrevista en televisión, Sarah Paulson ha aportado nuevos detalles sobre su larga y estrecha relación con el actor, dejando más que claro su nivel de confianza. 

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Zapatillas de tela blancas: cómo quitar manchas de tierra sin dañar las fibras ni arrastrar la suciedad

Las zapatillas blancas son hermosas y un básico en cualquier guardarropa, ya que combinan con la mayoría de las prendas. Pero tienen un problema; se ensucian con facilidad. Y una de las manchas más comunes en ellas son las de tierra o barro. Muchos intentan quitar una mancha de barro con un trapo húmedo, lo
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Muchos intentan quitar una mancha de barro con un trapo húmedo, lo cual hace que la tierra se extienda e incruste en las fibras. La manera de hacerlo, sin dañar la tela ni aumentar la suciedad, es con mucha paciencia, cepillando en seco y limpiando con suavidad.

1. Seca el barro y cepilla

El primer paso para limpiar tus zapatillas blancas es dejar que el barro seque por completo, ya que es más fácil retirarlo como polvo seco que como barro húmedo. Para ello, coloca tus zapatillas en un lugar ventilado, como el balcón o la ventana, por un par de horas.

Una vez secas, vas a pasar al cepillado. Comienza golpeando las suelas de tus zapatos, una contra la otra, para que caigan las capas de barro grueso. Luego, pasa un cepillo seco de cerdas duras por toda la tela, para levantar y retirar el polvo de tierra que haya quedado. Verás cómo la mayor parte de la mancha habrá desaparecido con esta acción.

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2. Limpia y aclara con suavidad

Lo siguiente es lavar tus zapatillas, pero no es conveniente que lo hagas en la lavadora, ya que el centrifugado puede deformar las suelas. En su lugar, realízalo a mano, con la ayuda de un cepillo de dientes viejo. Comienza mezclando agua tibia y un detergente suave. Cepilla la tela con la mezcla, de forma suave y en movimientos circulares. También enjuaga el cepillo con frecuencia para no extender la mancha.

Después aclara con un trapo de microfibra húmedo, hasta que retires todo el jabón. No metas la zapatilla entera bajo el grifo, ya que esto puede llegar a dañar la suela. Tampoco utilices químicos muy abrasivos —como la lejía—, porque debilitan los tejidos de tu zapatilla.

3. Seca con la técnica de la momia

Ten en cuenta que el secado de tus zapatillas es tan importante como el lavado, ya que si no lo haces bien, puede dejar líneas amarillas en los bordes que unen la suela con la tela. Por ello, utiliza la técnica de la momia. Consiste en rellenar el interior de la zapatilla con papel de cocina para que mantengan su forma y absorban la humedad desde el interior.

También es necesario que las seques en un sitio ventilado, pero a la sombra. El sol directo puede darles un tono amarillo y su calor afectar a la suela.

¿Y si la mancha no desaparece?

Ahora, si la mancha persiste después de la limpieza que te acabamos de indicar, puedes utilizar bicarbonato de sodio. Comienza formando una pasta con él y agua, para luego aplicarla sobre la mancha. Deja actuar por unos 30 minutos y frota suavemente con el cepillo de dientes viejo. Aclara y seca como mencionamos en los pasos anteriores.

Por otro lado, si quieres darle un extra de blancura a tus zapatillas, o aclarar el tono de unas que están comenzando a amarillear, agrega un par de gotas de agua oxigenada a la pasta de bicarbonato. Eso sí, solo aplícala en zapatillas por completo blancas, sin logos de color, ya que el agua oxigenada podría llegar a desteñirlo.

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Ten en cuenta que las zapatillas de tela acumulan desgastes tras su uso, y que si bien estos trucos pueden ayudarte a quitar esas manchas de tierra, no harán desaparecer el daño causado por el paso del tiempo. Pero, si les das un cuidado adecuado, libre de químicos agresivos y secados bajo el sol, tus zapatillas podrás extender un poco más su vida útil.

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​Goya Toledo y la sorprendente faceta que la acerca aún más a su ‘hermana’ Penélope Cruz: cose desde que tenía 7 años, acaba de hacerse un vestido y ha lucido sus diseños en varias alfombras rojas 

 La actriz ha retomado una de sus grandes pasiones estas pasadas navidades y ha cosido ella misma un vestido que ha recibido numerosos halagos de sus compañeras de profesión. 

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Benjamin Franklin, polímata, “Es mejor bien hecho que bien dicho”

A veces hablamos de un proyecto con tanta pasión que casi sentimos que ya está hecho, aunque en la práctica los días pasen sin avance. Esa distancia entre lo que decimos y lo que hacemos es más común de lo que creemos, y suele ser una de las raíces silenciosas de la procrastinación. Benjamin Franklin,
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Benjamin Franklin, uno de los grandes polímatas de la historia, formuló esta tensión en la siguiente frase: “Well done is better than well said“. En español, su traducción más natural es “Más vale bien hecho que bien dicho”, una idea que, casi tres siglos después, sigue funcionando como una regla práctica para dejar de posponer y empezar a construir.

¿Qué quiso decir Franklin con “Well done is better than well said“?

La frase aparece en Poor Richard’s Almanack (1737), una publicación popular que Franklin usaba para difundir observaciones prácticas sobre el trabajo, el carácter y la conducta. No era un tratado filosófico, sino una guía cotidiana para vivir mejor. Desde ahí, el mensaje es simple. Las palabras por sí solas no producen resultados; la acción sí.

El sentido práctico es claro. Hablar de lo que harás, planearlo durante semanas o explicarlo con detalle puede generar una falsa sensación de progreso. La ejecución, en cambio, es verificable: o existe o no existe. Franklin no despreciaba el pensamiento ni la comunicación; simplemente recordaba que la evidencia del trabajo vale más que cualquier explicación sobre él.

Esta frase funciona hoy como una regla antiprocrastinación porque corta la negociación mental. En lugar de seguir perfeccionando el discurso —interno o externo— te devuelve a la pregunta esencial: ¿qué parte concreta de esto puedo hacer ahora?

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¿Por qué un avance pequeño vence al gran discurso?

La idea es simple. Vale más un avance pequeño y verificable que un gran discurso sobre lo que piensas hacer. El progreso no nace del entusiasmo, sino del movimiento. Incluso una acción mínima rompe la inercia y crea una nueva realidad. Dejas de pensarlo y empiezas a construirlo.

Desde la perspectiva de la psicología del comportamiento, este principio reduce la fricción inicial. El cerebro resiste los proyectos grandes, difusos o sin forma. Pero responde mejor a tareas cortas, claras y con cierre. Franklin, sin llamarlo así, estaba describiendo lo que hoy entendemos por diseño de hábitos.

Además, la acción genera información. Solo cuando empiezas a hacer algo descubres qué funciona, qué estorba, qué debes ajustar. El discurso se mueve en el terreno de la hipótesis; la ejecución trabaja con datos reales.

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¿Cómo aplicarlo hoy en 10–20 minutos?

Una forma simple de usar esta regla en la vida diaria es convertir cualquier objetivo en un primer paso de 10 a 20 minutos con entregable mínimo. No se trata de terminar el proyecto, sino de producir algo que exista.

Primero, elige un objetivo claro. Puede ser escribir un artículo, ordenar un espacio, avanzar en una propuesta o estudiar un tema. Luego define una acción breve y cerrada. Por ejemplo, redactar un párrafo, ordenar una superficie, resolver un ejercicio o crear un esquema. Lo importante no es la perfección, sino que haya algo concreto.

Al terminar ese bloque corto, realiza una revisión breve: ¿qué aprendiste?, ¿qué mejorarías en el siguiente paso?, ¿qué estorba?, ¿qué ayuda? Este cierre convierte la acción en progreso acumulativo. Repetido con constancia, este método desplaza la procrastinación sin necesidad de motivación heroica.

Los límites de la frase: ejecutar no excluye pensar ni comunicar

La frase “más vale bien hecho que bien dicho” no desprecia la planificación ni la comunicación. Ambas importan. Pero marca un orden claro. Primero hacer. Luego explicar.

Cuando se planifica sin ejecutar, todo se queda en intención. Cuando se comunica sin sustento, el mensaje pierde peso. Franklin propone algo más simple. Que la acción vaya delante y que las palabras la acompañen, no al revés.

Esta idea no exige perfección ni velocidad. Exige honestidad con el propio proceso. Menos promesas y más resultados visibles. Ahí es donde empieza el progreso real.

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Antonio Machado: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”

En muchas ocasiones queremos iniciar una nueva actividad o proyecto y no nos atrevemos a dar el primer paso. Ten en cuenta que el cerebro está programado para buscar por instinto la seguridad de una ruta ya trazada, y ese nuevo emprendimiento se sale del “camino”, creando varias incertidumbres. El famoso poeta español Antonio Machado,
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El famoso poeta español Antonio Machado, en su libro Proverbios y cantares, dice una frase que le va como anillo al dedo a esta situación: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. Lo que nos quiere decir es que hay que actuar sin esperar a tener una “seguridad total”, ya que esa condición no existe. El camino hacia las metas y objetivos que te traces se va construyendo con cada uno de tus pasos.

¿Cómo aplicar la frase de Antonio Machado?

Este verso de Antonio Machado funciona como una herramienta para superar la parálisis por análisis, un estado en el que sobrepensamos una situación, impidiendo que demos el primer paso. En su lugar, nos hace recordar que no tenemos que saberlo todo antes de comenzar; lo más importante es iniciar y los ajustes se van haciendo por el camino. Para ponerlo en práctica, solo debes seguir tres pasos.

  • Elige un objetivo. Puede ser desde mejorar tu condición física hasta abrir un canal de YouTube. La idea es que tengas en claro tu dirección general. No es necesario que te obsesiones con los detalles técnicos y especificaciones del proceso, tan solo la meta a alcanzar.
  • Aplica la regla de los 10 minutos. Una vez que tengas tu objetivo, comprométete a trabajar en él durante 10 minutos, a modo de microtarea. Por ejemplo, si tu meta es escribir un libro, usa ese tiempo en escribir el primer párrafo. Esta regla te ayudará a romper la inercia inicial y generará el impulso para que sigas adelante.
  • Revisa y reajusta. Luego de dar el primer paso, es conveniente que revises y evalúes lo hecho y cómo te sentiste. Esto te ayudará a crear una base sólida, para que puedas dar el siguiente paso. Siguiendo con el ejemplo del libro, si te gustó cómo quedó ese primer párrafo, el siguiente movimiento puede ser escribir una página entera.
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¿Dónde puedes “hacer camino al andar”?

La idea detrás de esta frase de Machado tiene muchas aplicaciones en el día a día. En el ámbito laboral y profesional, puede ayudarte a salir de la inercia a la hora de comenzar un informe o incluso como impulso para buscar ese nuevo trabajo con el que sueñas.

Por otro lado, también vale para la vida personal. Por ejemplo, si buscas mejorar tu salud o condición física. Incluso si deseas hacer un curso enriquecedor o independizarte y vivir solo. En general, es útil para todas aquellas situaciones en las que no nos atrevemos a dar el primer paso por temor a lo desconocido.

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Eso sí, ten en cuenta que la idea de Antonio Machado no romantiza la improvisación ni lanzarse a lo grande. Lo que propone es empezar con pasos pequeños en pro del objetivo que te plantees, para construir evidencia y minimizar el riesgo de abandonarlo al poco tiempo. De igual manera, los pasos pequeños reducen los riesgos y facilitan las correcciones. Atrévete a ponerlo en práctica y sal de la parálisis por inercia.

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Cómo salvar un anturio con hojas amarillas y marrones: guía de causas que debes saber

¿Has notado que tu anturio tiene las hojas amarillas? ¿O tal vez las puntas marrones? Estas son señales de tu planta para indicarte que necesitas hacer un cambio en los cuidados que le otorgas. La clave está en saber interpretar estas señales. Por ejemplo, las hojas amarillas son un síntoma común de exceso de riego.
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Mientras que las hojas con puntas marrones y secas significan sequedad, tal vez por poco riego o porque está colocado cerca de un radiador. También está la opción de que las manchas en las hojas de tu anturio sean marrones y crujientes en el centro, lo que indica que recibe sol directo y quema sus hojas. Como podrás notar, el riego y la luz juegan un papel importante en la salud de tu planta. Ajústalos teniendo en cuenta los siguientes consejos.

Comprueba el sustrato y el drenaje antes de regar

Tanto un exceso de riego como uno deficiente pueden afectar a tu planta. De manera que, antes de seguir una cifra genérica de días para el riego, lo mejor es que lo hagas teniendo en cuenta las necesidades de tu anturio. Introduce tu dedo o una paleta de madera en el sustrato; si sale húmedo, no es momento para regar. Pero si está seco, hazlo.

También es necesario que verifiques el drenaje, y es que muchas plantas vienen con cubre macetas decorativos sin agujeros para drenaje. Si este es tu caso, quítaselo. Así evitas que el agua de riego se empoce y siga causando hojas amarillas o incluso llegar a algo peor, como pudrir las raíces.

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Corrige la ubicación

Ten en cuenta que el anturio es una planta de interior a la que le gusta la luz brillante indirecta. Si lo tienes bajo el sol en el balcón, quemarás sus hojas y se volverán marrones. Una ubicación perfecta es una habitación luminosa, en donde reciba luz, pero filtrada por una cortina fina.

Mejora la humedad de la habitación

Antes te indicamos que la sequedad causa las puntas marrones en el anturio. Otra forma de corregir esto —aparte de un riego adecuado—, es aportándole más humedad a la habitación. Si tienes un humidificador en casa, puede ayudarte con ello. En caso de que no, agrúpalo en una bandeja con otras plantas de interior. Así crearán un microclima húmedo gracias a su propia transpiración.

Por otro lado, evita colocarlo cerca de fuentes de calor, como los radiadores o calefactores. Y no pulverices agua en sus hojas, ya que esto provoca la aparición de hongos. Tampoco vale la pena que ubiques la maceta en una bandeja con guijarros y agua, porque tiene un efecto muy limitado.

Poda las hojas dañadas

Cortarle las hojas dañadas a tu anturio es un punto clave para que se recupere. Evita que gaste energías intentando reparar un tejido muerto. Utiliza unas tijeras desinfectadas con alcohol y poda las hojas que estén en su mayoría amarillas y secas.

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Considera que estos consejos de rescate no harán magia en las hojas ya dañadas de tu anturio. Lamentablemente, ellas no van a revivir. Pero, con su aplicación, sí puedes evitar que el daño se propague a las hojas verdes y que tu planta produzca brotes sanos en el futuro.

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