​“Lady Di confiaba totalmente en el señor Versace y en la ropa que le confeccionaba”: así era Gianni Versace según quienes trabajaron con él 

 Amigos, colaboradores y 500 piezas originales —las que exhibe una gran retrospectiva en Málaga— retratan al genio que vistió a Lady Di e inventó a las top models. 

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​“Isabel II es la mujer que mejor lucía los sombreros”. Alexia Álvarez de Toledo, la sombrerera “oficial” de la alta sociedad 

 Cuando su madre le ponía sombreros a juego con sus vestidos, Alexia Álvarez de Toledo disfrutaba. En pleno confinamiento, se lanzó a crear sus propios sombreros y hoy sus tocados son indispensables entre la alta sociedad. 

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​¿Necesitas un villano? Búscalo en el arte contemporáneo 

 El sector solo parece interesar cuando se aborda desde dos perspectivas no excluyentes entre sí, que son el mercado —lo que en el caso de ARCO todavía tendría sentido, ya que se trata de una feria— y el escándalo. 

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​Álvaro Cervantes: “Con 15 años me dijeron que uno se convertía en actor después de diez años de trabajo y me dio bajón. Ahora llevo 20 en esto y diez me parecen hasta pocos” 

 Álvaro Cervantes presenta Sorda en el Festival de Málaga, el primer largometraje español protagonizado por una actriz sorda y que ya triunfó en la Berlinale. Hablamos con él de su papel en esta película y en Esmorza amb bi, la ópera prima de Iván Morales que también se proyectará en el certamen. 

​Álvaro Cervantes presenta Sorda en el Festival de Málaga, el primer largometraje español protagonizado por una actriz sorda y que ya triunfó en la Berlinale. Hablamos con él de su papel en esta película y en Esmorza amb bi, la ópera prima de Iván Morales que también se proyectará en el certamen. 

​La boda de la infanta Elena y Jaime de Marichalar hace 30 años: un enlace de cine dirigido por Pilar Miró (pero sin beso de película) 

 Gracias a las 100 cámaras de Televisión Española quedaron registradas en vídeo muestras de temperamento, ternura y complicidad de los novios e invitados. 

​Gracias a las 100 cámaras de Televisión Española quedaron registradas en vídeo muestras de temperamento, ternura y complicidad de los novios e invitados. 

En la sociedad secular (I)

Calasso analiza las primeras décadas del siglo XXI desde la óptica de dos figuras aparentemente enfrentadas si bien convergentes en su sustancia: el terrorista y el turista
The post En la sociedad secular (I) first appeared on Hércules.  Roberto Calasso no sólo fue uno de los grandes pensadores del siglo, destacado entre todos sus contemporáneos por ser el que mejor supo pensar la literatura, sino que también fue un editor pionero, un traductor políglota y un estudioso voraz de la Tradición. Su titánica labor editorial al frente de Adelphi únicamente puede quedar eclipsada frente a una imponente obra literaria donde mitología y literatura confluyen en una escritura erudita y libre de toda etiqueta, capaz de bucear por el mundo de la novela, de la lírica, del ensayismo de altos vuelos, de la historia del arte rigurosa, de la crítica literaria alejada de todo academicismo estéril en pos de la erudición y la transmisión del saber.

Podemos resumir su labor intelectual en un intento sin parangón por religar lo clásico y lo moderno; en definitiva, se trata de la mayor empresa cultural por hacer la metafísica operativa al término del siglo XX, por medio de un saber perenne que opera directamente sobre la realidad. Calasso fue el último eslabón de una cadena que antes de él forman personajes del prestigio de Mario Praz, estudioso incomparable del Romanticismo en libros como La carne, la muerte y el diablo en la literatura romántica (1930), o del renombrado esteta Gillo Dorfles, al que podemos considerar una figura en necesaria colisión con otro pensador contemporáneo orientado a la estética: Umberto Eco.

Calasso fue, como su coetáneo Claudio Magris (al que superó con mucho), un escritor romántico nacido a destiempo y enamorado de una época que ya solo podemos resucitar gracias a la literatura, a un reducto limitado de autores crepusculares, tales como Joseph Roth o George Simenon, para los que el platonismo eternamente vivo resultaba tan familiar como la extinta Mitteleuropa. En ese sentido, su obra es una muestra de cómo el símbolo, la teología y el arquetipo siguen operando activamente en la mentalidad moderna, como fuerzas espirituales vivas, con las variaciones inevitables del tiempo transcurrido, igual de eficazmente que cuando el hombre vivía a la intemperie en el seno de la naturaleza, en ese origen del mundo que vive eternamente en presente.

En libros como La ruina de Kasch (1983), Las bodas de Cadmo y Harmonía (1988) o Ka (1996), Calasso estudia en profundidad mitologías alejadas, en principio, de la Occidental grecorromana para explorar el mundo de las creencias orientales de una forma totalmente opuesta al sincretismo, al ecumenismo o la new age. En Los Cuarenta y Nueve Escalones (1991) o en La literatura y los dioses (2001) cristaliza su labor más abiertamente ensayística que pone de manifiesto una aproximación a la literatura muy alejada de lo que hoy por hoy se enseña en el ámbito universitario de las humanidades… Para encontrar un autor de envergadura comparable en ellos últimas décadas habría que recurrir a otros sabios fallecido en el mismo lapso temporal, como Marc Fumaroli o George Steiner.

Calasso tradujo y estudió a Franz Kafka, seguramente el literato desde el que mejor explica el siglo XX, en una biografía muy personal, K (2002), sin duda influenciada por el trabajo previo de otro sabio italiano de su tiempo: el gran Pietro Citati. En La Folie Baudelaire (2008), Calasso demuestra ser el mejor heredero del citado Mario Praz como estudioso del romanticismo y de su simbolismo, una constante en su trabajo; en El ardor (2010) completa y amplía sus trabajos anteriores sobre mitología oriental desde una óptica muy alejada del vicio simplificador que, como detectara Edward Said décadas atrás, suele mancillar la mirada occidental en sus peregrinaciones físicas e intelectuales a otras latitudes, y utiliza ese dominio del tema para trazar una historia alternativa de las ideas que alumbra una vez más el tenebroso panorama de nuestro presente; y El Cazador Celeste (2016), el gran escritor que es Roberto Calasso esboza una summa de su pensamiento para retomar toda una filosofía simbólica desde Grecia en adelante, hasta el presente, donde traza el camino a seguir para volver a esos “misterios eleusinos” del pasado aún por desentrañar.

En La actualidad innombrable (2017), Calasso se acerca a la sociedad de nuestro tiempo con la mirada de quien está acostumbrado a la sabiduría de los grandes pensadores y, por lo tanto, tiene la suficiente altura de miras como para no quedar encallado en el lodazal de las reyertas políticas. En la primera parte del libro, con un estilo que recuerda mucho al de Ernst Jünger, y que intelectualmente es deudor de las teorías de René Girard, Simone Weil o René Guénon en lo relativo al mundo moderno y su concepción del sacrificio, la gracia o lo cualitativo, Calasso analiza las primeras décadas del siglo XXI desde la óptica de dos figuras aparentemente enfrentadas si bien convergentes en su sustancia: el terrorista y el turista.

La lógica del turista es la lógica de la realidad virtual; y el mundo que nos ha legado el siglo XX es el suyo: fin de la poesía, prohibición del sacrificio, tiempo de posthumanidad, donde nadie es capaz de reconocer a Europa, ni siquiera ella misma. Un continente entero, el nuestro, donde predomina la «vida desnuda», consistente en el acto pagar impuestos. Un mundo marcado por el secularismo, esto es, por la Reforma del cristianismo (que, a su vez, no deja de ser una reforma del judaísmo) iniciada por Mahoma y Lutero. En su penetrante análisis, Calasso liga ciencia, tecnología y credulidad: «A un siglo exacto de distancia hemos pasado del dadaísmo al dataísmo, de Dadá al Big Data».

Escribe Calasso: «Dadá fue el momento de la desconexión universal, reivindicada y perseguida a través de una sistemática abrasión del significado (y esto correspondía a una desconexión en acto, que se estaba llevando a cabo en los años 1914-1918). Dataísmo es el momento de la conexión coactiva, que suprime todo lo que queda fuera de ella y donde cada sujeto se vuelve un férreo e irrelevante soldadito de silicio en un ejército del que todos ignoran donde se encuentra —si es que existe— el estado mayor». Ahora, esclavos de esa «actualidad innombrable» que titula el libro y se alimenta de nosotros, poseyéndonos mental y espiritualmente, sólo podemos escapar del Kali Yuga fijando la mirada en lo que se destaca como atemporal: justo aquello que el maestro italiano quiso glosar y vivificar por medio de su obra.

¿Y qué es el dataísmo? Un flujo continúo de la abstracción erigida sobre la información y la conciencia, dos términos imprecisos elevados a pilares casi teológicos del mundo secular en el que la experiencia ya no tiene significado interior, sino sólo en base a su integración en un banco de datos mayor. Un estrecho marco mental protagonizado por el evolucionismo, como dogma mayor del cientificismo, que niega el libre albedrío, al reducirlo todo a una cuestión de determinación (genética, biológica, etc).

El horizonte de lo anterior es la digitabilidad, el aplazamiento de la muerte como forma de aplacar el sentimiento trágico de la vida, que trae consigo el desencantamiento del mundo a sus últimas consecuencias. Para el turista, para aquel que vive en la realidad virtual, no hay nada desconocido ante lo que asombrarse. Su tránsito es la marca de un evidente eclipse del Misterio. Recordemos, en este sentido, la célebre capacidad de asombro que en su momento dio lugar al pensamiento dialéctico en Occidente.

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Timor leste: el último diamante en bruto del sureste asiático

Timor es mucho más que su capital. Un país repleto de naturaleza excelsa y playas de arena blanca donde la civilización aún aspira a llegar
The post Timor leste: el último diamante en bruto del sureste asiático first appeared on Hércules.  Si fueran participantes de esos concursos televisivos donde se pregunta y responde sin cesar, una cuestión que podría confundirles sería que nombraran a las naciones que comprenden el llamado Sudeste Asiático. Sin duda alguna, los primeros países que les vendrían a la cabeza serían Tailandia, Vietnam, Camboya, Laos, Malasia y Birmania, en sí los estados continentales. Luego, si hilaran muy fino, recordarían que tanto Singapur como los inmensos archipiélagos de Indonesia y Filipinas también pertenecen a ese grupo de países, cuando seguramente no caerían en la cuenta de Brunéi, un sultanato casi desconocido para el público en general donde vacacionar sigue siendo una extrañeza. Pero es que aún existe otra nación, concretamente uno de los últimos estados creados sobre la faz de la tierra. Y aunque cada vez menos, allí se habla portugués, cuando además esa república es la nación donde se congrega un mayor número de católicos –la práctica totalidad; algo más del 99%–. Y claro, les estoy hablando de Timor Oriental, o como se les conoce internacionalmente por su acepción lusa: Timor Leste. 

Le queda muy cerca Australia, concretamente hacia el sur, a solo hora y poco de vuelo, donde el avión arriba en Darwin, la ciudad australiana más populosa del norte de su territorio. Porque Timor Leste está en el hemisferio sur, compartiendo una isla con sus enemigos indonesios, país que invadió a Timor y trató de exterminarlos. Gracias a Dios, no lo lograron. Aunque hoy hayan comprendido que las alianzas comerciales –su cerveza Bintang, tan acuosa como depresiva– también se ha convertido en la birra nacional timorense, cuando no son pocas las grandes empresas llegadas desde Yakarta que ayudan a que Timor florezca y ellas sigan facturando a granel. 

Pero rebobinemos. Cuando en el siglo XVI Portugal invadió Timor –a veces barrunto si el conquistador hubiera sido España–, los nativos no sospecharon que el matrimonio forzado les iba a durar hasta 1975. Sin embargo, cuando el pueblo timorense consiguió la independencia de Portugal sí que veía venir la intrínseca violencia-conquistadora de sus inmensos vecinos indonesios: un país gigantesco, que en la actualidad se acerca a los 300 millones de habitantes, cuando la otra gracia era lo que parecía ser: que el pueblo musulmán tratara de aniquilar al mundo católico. Y casi que lo consiguieron. 

Pero la segunda desgracia para el pueblo de Timor llegó el 7 de diciembre de 1975, que fue el día elegido por el ejército indonesio para invadir a la ex colonia portuguesa –acababan de salir de lo luso; aún parte de su población desconocía la buena nueva– con la excusa de la lucha contra el colonialismo. Veintisiete años duró la cruenta guerra, purga, exterminio, y a fin de cuentas, invasión indonesia. Se cree que alrededor de 80.000 timorenses –el país, en la actualidad, supera el millón de habitantes; cuando la invasión vecinal, sólo censaba a medio millón–, fallecieron. Una auténtica brutalidad que hoy se ignora por completo. 

Al inicio del intento de conquista, el ejército timorense se refugió en sus montañas como junglas, cuando Indonesia recibió la ayuda para el exterminio –que no se olvide la verdad– de los Estados Unidos y Australia, entre otros. Pero como la cosa no terminaba de cuajar y las denigrantes acciones conquistadoras tuvieron eco en el resto del mundo, la tenebrosa ONU decidió entrar –más vale tarde que nunca– en el territorio cuasi destruído para organizar un referéndum donde, claro está, arrasó el sí a la creación del Estado de Timor. Al replegarse, las fuerzas indonesias arrasaron con todo –y todos– los que encontraron a su paso. Hoy día, ni la propia ONU, ni por supuesto Indonesia, ni tristemente el gobierno de Dili, capital de Timor, han rendido cuentas o han exigido compensaciones. El capitalismo, como siempre, doma a las fieras e incluso a los parias. 

Lo esencial a partir de ahí es que se creó una nueva nación. Concretamente el 20 de mayo de 2002, tras dos años y medio de administración de la ONU, Timor Leste fue nombrado estado independiente, concretamente el primero en lo que iba de siglo XXI. Un país, que aunque de nuevo cuño, existía desde tiempos casi inmemoriales. 

En 2024 estuve visitando Timor Leste. Y para que entiendan qué nivel de paz, concordia y confianza existe en Timor, tras 24 horas paseando por Dili, la capital donde se aprecian los primeros rascacielos levantados por empresas chinas entre chabolas y campo abierto, entablé relaciones, y no precisamente diplomáticas, con José Ramos Horta, presidente de la nación, al que entrevisté para la revista Alfa & OmegaDe aquella mañana en su palacio presidencial, sólo extraí dos asuntos esenciales: que la diplomacia no es sinónimo de verdad a la hora de ser entrevistada; y que el presidente –cargo algo testimonial, ya que el primer ministro, elegido tras elecciones, es Xanana Gusmao; o sea, el que manda– apoya que China e incluso Indonesia –el país que hasta nada los exterminaba– inviertan, tantas veces destruyendo el medio ambiente, otras veces sacando divisa, en su virginal nación.  

Para los que turistean, Timor Leste es un auténtico milagro. No esperen las mejores playas –que las hay–, ni la mejor comida –que no la hay–, ni que sea el país más barato –algo caro, incluso–. Pero Timor es, sin ningún lugar a dudas, un milagro al que le quedan, como a Corea del Norte, tres telediarios. Un país donde las carreteras están por construirse, en muchísimos casos, y donde la naturaleza supera con creces a todos sus vecinos, ya que en su ecuación les ganan a todos: el 80% del país es virgen y sólo contabilizan su 1.300.000 habitantes. 

Como anécdota, frente a mi hotel en Dili, una playa natural y completamente vacía, donde yo paseaba a diario. Hasta que una tarde, empujado por la curiosidad, me metí para bautizarme en semejante amasijo de naturaleza. Y con la experiencia del resto del sudeste asiático ya visitado, sabía no sólo que el agua estaría caliente, sino que la profundidad sería inexistente, salvo que quisiera caminar, y no precisamente sobre el agua, varios cientos de metros. Al salir, el guarda de seguridad del hotel, astuto y pendenciero, me lo aseguró: “Señor, hasta hace poco, ahí vivían los cocodrilos”. Debo reconocer que el fondo era cenagoso. Barro puro. Sensaciones extrañas, como cuando las plantas de mis pies se posaban sobre ese fango absoluto.

Pero incluso así, Timor es mucho más que su capital. Un país repleto de naturaleza excelsa y playas de arena blanca donde la civilización aún aspira a llegar. “Tenemos suerte de que los chinos, indonesios y australianos sólo quieran invertir en la capital”, me aseguró el hermano de Ramos Horta, correa de transmisión para que yo pudiera conocerle en su excelso palacio. Porque Timor Leste es el último diamante en bruto que queda por pulir. Cuando la Antártida se aproxima como el final de todo lo virginal. 

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Cinco años después, los culpables siguen arriba

Cinco años después, los muertos siguen muertos, pero los responsables están más vivos que nunca
The post Cinco años después, los culpables siguen arriba first appeared on Hércules.  Cinco años. Cinco años desde que el Gobierno de Sánchez decretó un estado de alarma que luego fue declarado ilegal. Cinco años desde que se encerró a todo un país en sus casas con medidas que vulneraban nuestros derechos fundamentales, sin control, sin garantías y, sobre todo, sin vergüenza. Cinco años desde que se desataron los abusos, las ruedas de prensa llenas de mentiras y las órdenes que hundieron a miles de empresas mientras ellos se dedicaban a su pasatiempo favorito: el control del poder, de la narrativa, de las corruptelas y de los enchufes.

Pero cinco años después, de eso no se habla.

No se habla de cómo el Gobierno mintió a sabiendas del peligro del virus. No se habla de cómo alentaron manifestaciones mientras negaban la pandemia. No se habla de cómo compraron material sanitario con sobrecostes delirantes mientras nos decían que las mascarillas “no servían para nada”. No se habla de los contratos amañados, de las empresas fantasma que se llevaron millones en comisiones, de los respiradores que nunca llegaron o de las pruebas fallidas. No se habla de los ancianos que murieron solos, abandonados, mientras burócratas de despacho decidían quién tenía derecho a vivir.

No. De eso no se habla.

La maquinaria del PSOE ha hecho su trabajo y la torpeza del PP (a la que ya estamos acostumbrados) ha hecho el resto. Hoy, cinco años después, lo que se discute no es la ilegalidad del estado de alarma, ni la impunidad con la que se ejecutaron medidas que destruyeron negocios, familias y vidas. No. De lo que se habla es de la gestión de Ayuso. Han conseguido que el foco de la conversación esté en Madrid, como si la crisis de las residencias solo hubiera ocurrido allí, como si en el resto de España no hubieran muerto miles de ancianos en el más absoluto abandono. Han vuelto a comerle la tostada al PP, como lo harán en unos años con la DANA, con los incendios o con cualquier otra tragedia que sepan capitalizar.

Y mientras tanto, los principales responsables de aquel desastre no solo siguen impunes, sino que prosperan.

Fernando Simón, el hombre de las ruedas de prensa delirantes, de los cálculos erróneos, del “España no va a tener más allá de algún caso diagnosticado”, sigue en su puesto. Sí, cinco años después, sigue siendo director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias. Y no solo eso: se rumorea que podría presidir la futura Agencia Estatal de Salud Pública. Un tipo que negó la pandemia, que desinformó a diario, que se convirtió en el bufón del desastre, podría acabar al frente de la sanidad pública española. Si esto no es el colmo de la impunidad, que baje Dios y lo vea.

Salvador Illa, el ministro que se suponía debía gestionar la mayor crisis sanitaria de nuestra historia, se marchó en plena pandemia. En medio de una de aquellas infinitas olas de contagios, cuando los hospitales seguían colapsados y la vacuna era aún una promesa, decidió que su prioridad era otra: presentarse a las elecciones catalanas. Sí, el ministro de Sanidad abandonó su cargo en plena crisis sanitaria para hacer carrera política. Y hoy, cinco años después, es presidente de la Generalitat. Ninguna consecuencia, ninguna responsabilidad.

¿Y Sánchez? Sigue en Moncloa. Sin dar explicaciones. Sin asumir culpa alguna. Y con una maquinaria de propaganda que ha conseguido que la gente olvide, o peor aún, que crea que lo peor de aquella época no fue el atropello de derechos fundamentales ni la corrupción, sino la gestión de una comunidad autónoma.

Cinco años después, los muertos siguen muertos, pero los responsables están más vivos que nunca.

Y pensar que hace cinco años nos decían que íbamos a “salir más fuertes”. Si esto era lo que querían decir, si “más fuertes” significaba un país con menos libertades, más corrupción, más pobreza y una clase política aún más impune, entonces tenían razón. España no salió más fuerte. España salió más sumisa, más manipulada y más hundida que nunca.

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El impacto de la Ley de Vivienda de Pedro Sánchez: se dispara el alquiler de temporada en Cataluña

Gracias a la ley han desaparecido 40.000 viviendas del mercado, lo que repercutirá nuevamente en el precio para los inquilinos
The post El impacto de la Ley de Vivienda de Pedro Sánchez: se dispara el alquiler de temporada en Cataluña first appeared on Hércules.  La Ley de Vivienda promovida por el gobierno de Pedro Sánchez ha generado efectos imprevistos en el mercado del alquiler. En Cataluña, especialmente en la ciudad de Barcelona, el alquiler de temporada se ha disparado, dejando al descubierto las contradicciones de la normativa.

Según un informe reciente de EsadeEcPol, el peso de los anuncios de alquileres de temporada en Barcelona se ha multiplicado por siete desde 2019. Mientras que en 2019 este tipo de arrendamientos representaba apenas el 2,1% de los anuncios, en 2023 la cifra alcanzó el 14,4%. Este fenómeno coincide con la aplicación de regulaciones más estrictas para el alquiler tradicional y el turístico, obligando a muchos propietarios a optar por el alquiler de temporada como alternativa menos regulada.

En el caso de Madrid, aunque con menor intensidad, la situación también es preocupante. Los anuncios de alquiler temporal se han triplicado, pasando del 3,3% en 2019 al 9,6% en 2023. La mayor concentración de este tipo de alquiler se encuentra en el distrito Centro, donde la oferta de arrendamientos tradicionales apenas alcanza el 70%, mientras que los temporales superan el 20%.

Consecuencias de la Ley de Vivienda: la oferta de pisos en mínimos históricos en Cataluña

El aumento del alquiler de temporada se debe, en gran medida, a las restricciones impuestas por la Ley de Vivienda de Pedro Sánchez y la ley catalana de control de precios. Cataluña fue la primera comunidad en aplicar la normativa nacional que busca topar los precios del alquiler, pero los resultados distan mucho de ser positivos. En lugar de garantizar un mayor acceso a la vivienda habitual, ha generado un efecto contrario, con menos vivienda disponible para el alquiler.

El impacto del control de precios del alquiler en Cataluña va más allá de la disminución de precios. Según datos de Fotocasa, la oferta de pisos se ha visto reducida en 40.000 viviendas, con un 39% de los propietarios retirando sus inmuebles del mercado de alquiler habitual. De este porcentaje, un 6% ha retirado sus viviendas definitivamente para venderlas o dejarlas vacías, mientras que el 33% restante ha optado por destinarlas al alquiler de temporada, vacacional o por habitaciones, para evitar la regulación y obtener mayores beneficios económicos.

Las cifras oficiales del Instituto Catalán del Suelo (Incasòl) indican que, tras la aplicación de la ley, el número de contratos tradicionales ha descendido drásticamente. En Barcelona, el saldo de contratos bajó casi un 80% en el último trimestre de 2024 en comparación con el primero.

María Matos, directora de Estudios de Fotocasa, advierte que “El mercado de alquiler catalán se encuentra en mínimos históricos de oferta disponible y sufre una creciente fragmentación”. Este escenario ha generado un aumento de la competencia entre inquilinos y un encarecimiento de precios en las zonas no tensionadas, dificultando el acceso a la vivienda para quienes tienen menos recursos económicos.

Además, un 48% de los arrendadores catalanes con conocimiento de la ley ya han considerado o planean trasladar sus inmuebles a otros regímenes de alquiler menos regulados, como el vacacional o por habitaciones. Este fenómeno, según Fotocasa, está generando un impacto negativo en la inversión de inmuebles en alquiler, con un 35% de propietarios que afirman que invertirán menos en sus propiedades y un 8% que ya ha comenzado a reducir su inversión.

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