Sigmund Freud, psicoanalista, “Las emociones no expresadas nunca mueren”

Sigmund Freud, psicoanalista, “Las emociones no expresadas nunca mueren”

Las emociones que evitamos no desaparecen por arte de magia. Suelen quedarse en el cuerpo y en la conducta, transformándose en tensión, distancia o irritación. La frase atribuida a Freud “Las emociones no expresadas nunca mueren” resume esta idea, lo que callas no se esfuma, solo busca otra salida. El secreto está en diferenciar entre
The post Sigmund Freud, psicoanalista, “Las emociones no expresadas nunca mueren” appeared first on Mejor con Salud.  Las emociones que evitamos no desaparecen por arte de magia. Suelen quedarse en el cuerpo y en la conducta, transformándose en tensión, distancia o irritación. La frase atribuida a Freud “Las emociones no expresadas nunca mueren” resume esta idea, lo que callas no se esfuma, solo busca otra salida.

El secreto está en diferenciar entre sentir algo y guardarlo hasta que se convierte en fricción interna o relacional. Nombrar lo que te pasa reduce la carga y abre espacio para resolver la necesidad detrás del malestar. A continuación, te contamos cómo aplicar esta idea en tu día a día.

1. Reconocer la diferencia entre sentir y reprimir

Sentir es inevitable; reprimir es una elección aprendida. Muchas personas confunden “no hablar” con “superar”, pero el silencio emocional suele acumular tensión. Cuando no expresas una incomodidad, esta puede reaparecer como:

  • Respuestas desproporcionadas ante pequeños estímulos.
  • Distancia afectiva con personas importantes.
  • Irritación constante sin causa clara.
  • Pensamientos repetitivos sobre lo que no se dijo.

Reconocer esta diferencia es el primer paso para evitar que una emoción se convierta en un conflicto interno.

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2. Identificar la necesidad detrás de la emoción

Toda emoción contiene un mensaje. La tristeza puede pedir consuelo, la rabia puede pedir un límite, la incomodidad puede pedir claridad. Cuando no escuchas esa necesidad, la emoción insiste.

Un ejercicio práctico es preguntarte: “¿Qué necesito realmente en esta situación?”. A veces la respuesta es simple. Un descanso, una conversación pendiente, más información o un límite que no se ha puesto.

Nombrar la necesidad reduce la intensidad emocional y te prepara para expresarte sin explosiones.

3. Usar la fórmula ‘hecho + impacto + petición’

Para evitar que la emoción reprimida salga en forma de reproche o estallido, puedes recurrir a una “catarsis con método”. Esta estructura te permite expresar lo que sientes sin abrir un conflicto innecesario:

  • Hecho: describe lo que ocurrió sin interpretaciones.
  • Impacto: explica cómo te afectó.
  • Petición: concreta qué necesitas para mejorar la situación.

Ejemplos útiles:

  • “Cuando cancelaste la reunión a última hora (hecho), me sentí descolocada porque ya había reorganizado mi día (impacto). ¿Podemos avisarnos con más tiempo cuando algo cambie? (petición)”.
  • “Cuando no respondes mis mensajes durante días (hecho), me quedo con la sensación de que no sé en qué estamos (impacto). ¿Podemos acordar un tiempo máximo para responder? (petición)”.

Esta fórmula evita culpas, reduce malentendidos y permite que la emoción se exprese de forma clara y respetuosa.

4. Elegir el momento adecuado para hablar

Expresar una emoción no significa hacerlo en cualquier instante. Un buen momento puede marcar la diferencia entre una conversación constructiva y una discusión innecesaria.

Algunas pautas:

  • Evita hablar cuando estás muy activada emocionalmente.
  • Busca un espacio privado y tranquilo.
  • Avisa antes: “¿Tienes unos minutos para hablar de algo importante?”.
  • Si la otra persona no puede, acuerden un momento concreto.

Elegir el momento adecuado protege la relación y te permite expresarte con más claridad.

5. Mantener mensajes breves y límites claros

La sobreexplicación suele generar más tensión. En cambio, los mensajes breves ayudan a que la otra persona entienda el punto sin sentirse atacada.

Puedes usar frases como:

  • “Esto me incomodó y necesito que lo hablemos con calma”.
  • “No quiero discutir; solo quiero aclarar algo”.
  • “Prefiero parar aquí y retomarlo cuando estemos más tranquilos”.

Los límites claros no son una barrera, sino una forma de cuidar la conversación.

6. Añadir un apartado de autocuidado emocional

Expresar emociones no solo implica hablar con otros, sino también contigo misma. Algunas prácticas que ayudan a procesar antes de comunicar:

  • Escribir lo que sientes para ordenar ideas.
  • Respirar profundo durante un minuto antes de iniciar la conversación.
  • Preguntarte si lo que vas a decir busca claridad o descarga.
  • Recordar que expresar no es exigir, sino compartir.

Este autocuidado reduce la intensidad emocional y te permite comunicar desde un lugar más estable.

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Las emociones no expresadas no desaparecen; se transforman en fricción, distancia o reacciones que no encajan con la situación. Nombrarlas te permite liberar tensión sin generar conflicto. Elegir el momento, mantener mensajes breves y cuidar tu propio estado emocional convierte la expresión en una herramienta de claridad y bienestar cotidiano.

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