Pitágoras, filósofo griego, “Es mejor guardar silencio que decir cosas que no valen más que el silencio”

Pitágoras, filósofo griego, “Es mejor guardar silencio que decir cosas que no valen más que el silencio”

La frase atribuida a Pitágoras invita a usar el silencio como medida; antes de hablar, preguntarte si tus palabras aportan algo que realmente supere el valor de callar. No se trata de censurarte, sino de intervenir con intención, claridad y respeto. En un mundo donde la conversación es constante (en persona, en el trabajo y
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En un mundo donde la conversación es constante (en persona, en el trabajo y en redes) esta idea sigue siendo útil para evitar ruido y elegir mejor qué decimos. A continuación, te contamos cómo aplicarla de forma práctica en tu día a día.

1. Usar el silencio como filtro en conversaciones cotidianas

En la vida diaria, esta enseñanza funciona como un pequeño freno que te ayuda a intervenir solo cuando tus palabras suman. Antes de responder, puedes hacerte una pregunta sencilla: “¿Lo que voy a decir aporta claridad, respeto, solución o contexto?”. Si la respuesta es no, el silencio puede ser una opción más inteligente.

Este filtro no busca que hables menos, sino que hables mejor. En discusiones familiares, por ejemplo, evita comentarios impulsivos que solo aumentan la tensión. En conversaciones sensibles, permite escuchar primero y comprender el estado emocional del otro antes de reaccionar. El resultado suele ser un diálogo más calmado y útil.

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2. Aplicarlo en el trabajo para comunicar con intención

En el entorno laboral, esta idea de Pitágoras ayuda a evitar interrupciones innecesarias, correos impulsivos o reuniones que se alargan sin necesidad. Usar el silencio como estándar implica intervenir cuando tu aporte mejora la comprensión, aclara un proceso o resuelve un problema.

Un criterio práctico es esperar unos segundos antes de responder en situaciones tensas o cuando recibes una crítica. Ese breve silencio permite ordenar ideas y elegir un mensaje más preciso. También favorece la escucha activa; comprender primero lo que el equipo necesita antes de proponer soluciones. Así, la comunicación se vuelve más eficiente y menos reactiva.

3. Elegir qué decir (y qué no) en redes sociales

En redes, donde la inmediatez domina, esta frase cobra un valor especial. Publicar, comentar o reaccionar sin pensar puede generar malentendidos, discusiones innecesarias o desgaste emocional. Usar el silencio como filtro significa preguntarte si tu intervención aporta algo más que ruido.

Esto no implica desaparecer, sino participar con intención. Compartir información útil, expresar desacuerdos con respeto o aportar contexto cuando falta. También ayuda a evitar entrar en debates que no llevan a ningún lugar o que solo alimentan la polarización. El silencio, en este caso, protege tu energía y tu criterio.

4. Practicar la escucha como parte del silencio

El silencio no es solo ausencia de palabras; también es una herramienta para escuchar mejor. Cuando no estás pensando en qué responder, puedes captar matices, emociones y necesidades reales del otro. Esta escucha activa mejora las relaciones y reduce malentendidos.

Una forma sencilla de practicarla es dejar pausas en las conversaciones, permitir que la otra persona termine sus ideas y evitar completar frases. Este tipo de silencio no es pasivo, es una forma de presencia que facilita un diálogo más profundo y respetuoso.

5. Saber cuándo hablar es necesario

No idealizar el silencio es fundamental. Hay momentos en los que callar no es virtud, sino omisión. Hablar es necesario cuando debes poner límites, corregir una información errónea, defender algo importante o expresar un malestar que, si se acumula, termina dañando la relación.

La frase de Pitágoras no pide silencio absoluto, sino criterio. El estándar no es callar siempre, es elegir cuándo tus palabras tienen un valor real. En situaciones injustas, por ejemplo, el silencio puede perpetuar el problema. En esos casos, hablar con claridad y respeto es la opción que “vale más que el silencio”.

Un método breve para decidir si hablar o callar

Una forma de aplicar esta idea en segundos:

  • Pausa: respira y evita responder en automático.
  • Evalúa: ¿mis palabras aportan claridad, respeto, solución o contexto?
  • Decide: si aportan, habla; si no, guarda silencio.
  • Actúa: elige un mensaje breve, claro y proporcional a la situación.

Este método ayuda a reducir impulsividad y a comunicar con más intención.

La enseñanza de Pitágoras no propone ausencia, propone criterio. Usar el silencio como espacio para pensar y elegir mejor qué decir. Hablar cuando tus palabras aportan y callar cuando no lo hacen es una forma sencilla de mejorar tus relaciones, tu comunicación y tu bienestar cotidiano.

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