De seguro te ha ocurrido que guardas en el refrigerador un trozo de queso y, a los pocos días, descubres que ha desarrollado una capa viscosa y pegajosa. Antes de culpar a la calidad del queso, revisa tu método de almacenamiento. Para conservar bien un queso, debes entender que es un alimento que necesita respirar.
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El error más común es envolverlo en papel film de plástico, que atrapa la humedad y crea un ambiente perfecto para las bacterias que causan esa textura babosa. En verdad, los maestros queseros usan un método eficaz de una doble envoltura con el objetivo de que el alimento respire, pero sin secarse.
Este método funciona para la mayoría de los quesos que compras al corte, en particular los de pasta dura y semi-dura (como el manchego o el gruyer) y los de corteza enmohecida (como el brie o el camembert). Ponlo en práctica siguiendo estos pasos.
1. Haz una primera capa con un envoltorio transpirable
Primero, debes envolver el queso en un material poroso. En casa, la mejor opción es el papel de horno o el papel encerado. Corta un trozo del queso y envuélvelo como si fuera un regalo, doblando los pliegues de forma holgada pero segura.
Este papel permite que la humedad y los gases que libera se escapen, evitando que la superficie se ponga babosa.
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2. Haz una segunda capa ligera
Una vez envuelto en papel, colócalo dentro de una bolsa de plástico con cierre hermético o en un recipiente. Debes tener en cuenta un detalle crucial, que es no cerrarlo herméticamente. Es decir, cierra la bolsa o apoya la tapa del recipiente, pero deja una pequeña apertura.
Esta segunda capa lo protege de secarse en exceso y de absorber los olores del refrigerador, pero al no estar sellada, permite que el exceso de humedad siga escapando.
Errores de almacenamiento que debes evitar
- No cambiar el envoltorio: si notas que el papel de horno se ha humedecido o manchado de grasa, cámbialo por uno nuevo.
- Usar film de plástico apretado: es el error más común, porque asfixia al queso y atrapa toda la humedad. En consecuencia, se pone baboso y dura menos tiempo.
- Utilizar utensilios que no están limpios: al cortar el queso, usa siempre un cuchillo limpio para no introducir bacterias de otros alimentos que puedan acelerar su deterioro.
- Guardarlo en un recipiente totalmente hermético: si no usas la primera capa de papel, se producirá condensación dentro del recipiente, creando el mismo problema que con el plástico.
- Usarlo para quesos muy blandos: la principal excepción de este modo de conservación son los quesos muy frescos, como la mozzarella o el feta, que deben conservarse en su propio suero.
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Consejos extra para un almacenamiento perfecto
Saber en qué zona del refrigerador debe guardarse es igual de importante que saber cómo envolverlo. El mejor lugar para guardar el queso es el cajón de las verduras. Es la zona con la temperatura más estable y que tiene un nivel de humedad superior.
Otro consejo a tener en cuenta es separar los quesos azules del resto. Un queso como el roquefort o el de Cabrales debe guardarse por separado, en un recipiente hermético, para que sus hongos no contaminen a los otros quesos. Por último, pero no menos importante, acostúmbrate a escribir en un papel el nombre del queso y la fecha de compra. De esa forma, sabrás hasta cuándo es seguro consumirlo.
El secreto para conservar el queso está en crear un ambiente que respete sus particularidades. Así que revisa los que tengas en el refrigerador y, si están envueltos en film de plástico, haz el cambio por el papel de horno y la bolsa sin cerrar del todo. Notarás que se mantienen frescos y con su textura ideal por mucho más tiempo.
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